Formación Espiritual y Formación Humana


Cuando se habla de la formación que se imparte en Retamar, tres consideraciones son sus puntos de referencia

En primer lugar, el papel decisivo de San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, en el proyecto educativo del Colegio: adquisición de las necesarias virtudes humanas, potenciación de las capacidades intelectuales y desarrollo de una fe viva y operativa, cimentada en una sólida vida de piedad. Recomendamos la lectura de los dos Retamatch siguientes:
Retamatch nº 109: San Josemaría en Retamar leer descargar
Retamatch nº 112: San Josemaría y la educación leer descargar

En segundo lugar, la ejemplaridad de las personas, padres y profesores, que desde los primeros días de andadura del colegio asumieron con empeño personal el ideario de este centro educativo y lo pusieron en marcha con su entrega y prestigio profesional y ayudaron a otros, que vinieron después, a hacer realidad la apasionante tarea de formar “grandes hombres, grandes sabios y grandes santos” Recomendamos la lectura de los dos Retamatch siguientes:

Retamatch nº 113: Testimonios sobre S. Josemaría leer descargar
Retamatch nº 119: D. Álvaro en Retamar leer descargar

En tercer lugar, es de justicia manifestar el agradecimiento a tantas personas, padres, profesores, alumnos, empleados…, anónimas en este escrito, pero incorporadas para siempre a la historia de Retamar por su buen hacer… De su colaboración salieron muchas de las publicaciones que hemos podido poner al servicio de todas las familias. Recomendamos la lectura de los cuatro Retamatch siguientes:

Retamatch nº 115: La educación para el amor leer descargar
Retamatch nº 116: Nuevas tecnologías y educación leer descargar
Retamatch nº 117: Educar la fe con la piedad leer descargar
Retamatch nº 118: Educación diferenciada leer descargar

Al repasar la dedicación profesional de los antiguos alumnos observamos con alegría que muchos de ellos han orientado su vida a ayudar a los demás, en la mayoría de los casos eligiendo carreras que se centran en un verdadero servicio de la sociedad y otros, no pocos, mediante una vida de total entrega a los demás, como referencia al amor de Dios que han descubierto, en la mayoría de los casos, en sus años en Retamar. Nos hemos encontrado con sesenta antiguos alumnos que se han ordenado, perteneciendo a diversas instituciones de la Iglesia, y veinte profesores que también lo han hecho, tras años de impartir clase en el colegio. Todos ellos constituyen una excelente referencia para descubrir que la caridad es el camino más corto para una honda felicidad. Es muy probable que haya algún antiguo alumno más, quedamos abiertos a incluirlo si fuera el caso. No hacemos referencia a los que se están formando para ordenarse en un plazo de tiempo no muy largo. El deseo de servir les ha dispersado por todo el mundo, como instrumentos de la nueva evangelización a la que han llamado los últimos Papas. Veinticuatro realizan su labor pastoral fuera de España, haciéndolo en dieciocho países distintos. En España se distribuyen en quince provincias distintas, permaneciendo en Madrid veintisiete en sus tres Diócesis. Todos ellos intentando servir a la Iglesia como quiere ser servida.

El preceptor es la figura de la que se vale Retamar para conseguir una educación personalizada y una atención individual de todos los alumnos. Por tanto, el buen trabajo del preceptor redunda en la consecución de los objetivos educativos del Colegio.

Es un profesor al que se le encomienda un conjunto de alumnos para que atienda a su formación de forma directa e individual. Mediante la amistad y la confianza, tiene como cometido procurar, en los alumnos que preceptúa, la orientación y formación integral que les corresponde, según su edad y circunstancias particulares.

El preceptor será el canal ordinario de comunicación del Colegio con los padres. Además de entrevistarse periódicamente con los alumnos, ha de hacerlo también con los profesores del preceptuado —de quienes puede recibir multitud de datos y orientaciones—; y con sus padres, a quienes debe mantener informados de la marcha de su preceptuado, y con quienes ha de transmitirse mutuamente datos y consejos.

Los profesores, especialmente el profesor encargado de curso y el tutor, tienen como misión formar a los alumnos de su curso colectivamente, “en grupo”. En cambio, la tarea del preceptor se dirige a cada uno de sus preceptuados personal e individualmente. Sin embargo, para llevar a cabo este trabajo de atención, conviene que el preceptor se entreviste cuantas veces sea necesario con el Profesor Encargado de Curso y/o el tutor de sus preceptuados, para tener el mejor conocimiento posible de cada alumno: cómo se comporta en clase, ambiente colegial en que se mueve, etc.

También es misión del preceptor colaborar en la formación de los padres, y ayudarles en la educación de sus hijos. Por eso, al menos una vez al trimestre, el preceptor se entrevista regularmente con los padres de sus preceptuados. Estas entrevistas se mantienen, ordinariamente, en el Colegio.
El preceptor debe conocer del alumno todo aquello que le ayude a orientarle con más eficacia. No se trata de acumular información por un afán de datos mal entendido; ni mucho menos de actuar de modo inquisitivo en las conversaciones. Pero sí de, a través de la confianza ganada y de los datos que la propia vida en el Colegio ofrece, ponerse en condiciones de ayudarles mejor.

En primer lugar, ha de conocer el preceptor las calificaciones (de cada evaluación y finales) y el rendimiento escolar de sus preceptuados. A veces, el preceptor tiene algún preceptuado con rendimiento escolar llamativamente bajo. Con la ayuda de los profesores de ese alumno y, si fuera necesario, del Departamento de Orientación del Colegio, debe el preceptor diagnosticar las causas: por ejemplo, falta de conocimientos básicos (lectura y escritura), falta de conocimientos previos, de técnica de estudio, de hábitos de trabajo, etc. En esos casos, en colaboración con los padres y con el Colegio, se toman las medidas oportunas para subsanar los problemas. En colaboración con los padres, porque la formación de los alumnos no puede ser dividida en parcelas: «hasta aquí es competencia del preceptor», «hasta aquí llega la de los padres». La formación y educación de los alumnos en todos los terrenos —también en el de la afectividad — ha de ser llevada conjuntamente en perfecta armonía y en todos sus aspectos por ambas partes, sabiendo que los padres son los primeros responsables.

Las Metas de Carácter son un instrumento, en los cursos de Primaria, que contribuye a alcanzar la educación en la libertad, ya que favorecen la formación del carácter y posibilitan la consecución de un ideal, tomado con iniciativa y fortalecido en la perseverancia. Efectivamente, el carácter se educa mediante la disciplina y formación de los impulsos. Así, con el desarrollo de hábitos operativos buenos y su ejercicio, se fortalece la voluntad, haciéndoles capaces de servir a los demás. Consecuentemente, apoyan la adquisición de virtudes humanas.
Son tres:

  • Respeto a los demás
  • Cuido de las cosas materiales
  • cumplo mis obligaciones

Cada una de ellas se desglosa en diversos aspectos que podrán contemplarse o no en cada evaluación:

RESPETO A LOS DEMÁS

  • Compañerismo
  • Comportamiento
  • Disciplina
  • Puntualidad
  • Urbanidad

CUIDADO DEL MATERIAL

  • Cuidado del Uniforme
  • Cuidado del material personal
  • Cuidado del material de uso común

RESPONSABILIDAD

  • Tareas de casa
  • Cumplimiento de encargos

En cada evaluación se concretan de forma precisa y positiva para que sean fácilmente inteligibles para los alumnos, por ejemplo con una frase corta o una lámina, que marque una meta a conseguir por los alumnos durante la evaluación dentro de las tres grandes metas previstas. Antes de comenzar el curso, la Junta de Curso definirá los objetivos a transmitir a los alumnos en cada evaluación. A modo de referencia, adjuntamos un elenco posible:

Las Metas Quincenales (M15)
: para favorecer la coordinación y unidad en todo el Colegio se establece un objetivo para todos los alumnos y profesores con una periodicidad quincenal –días laborables, lo que supone cambiar cada tres semanas-. Los profesores le dan la prioridad que tiene poniendo todos los medios para que se viva y se alcancen los objetivos fijados, para ello en todas las clases deberá estar visible y los tutores hacer referencia a ella con frecuencia. Los alumnos deben ser conscientes desde el primer momento de esta meta, haciéndola suya. Este medio de formación manifiesta en primer lugar la unidad de acción y criterio de todo el Colegio, sirve para enseñar a trabajar en equipo y dar prioridad a aspectos generales sobre visiones personales. De manera gráfica se denomina M15.

Aunque en cada curso académico se determinan y fijan estas Metas, como referencia se recogen a continuación las metas establecidas en cursos anteriores. Al presentar cada M15 se insiste en que no podemos olvidar lo ya conseguido y que es importante que nuestros alumnos comprueben que mantenemos los mensajes y les ayudamos a ser coherentes en su formación.

El objetivo que persigue la educación que se da en Retamar comprende tanto la instrucción académica, como la formación humana y cristiana de sus alumnos. Para ello se cuenta con unos medios que, respetando la libertad personal, facilitan la consecución de estos fines.

Los Equipos de Clase: es un conjunto de alumnos de una misma aula, bajo el mando de un capitán, que es miembro del Consejo de Curso. Los Equipos de Clase se crearon en Primaria para aprovechar la tendencia natural que tienen los alumnos de esas edades para ayudarse mutuamente en la consecución de objetivos de toda la clase. El compañerismo es un estímulo válido para trabajar con ellos y es también un sistema adecuado para fomentar el orgullo de ser alumno de Retamar.

Sirve como estímulo para la educación intelectual y humana, a través de la competitividad positiva entre los tres equipos que tiene cada clase, ya que son puntuados en todas las sesiones de trabajo según su orden, laboriosidad, trabajo, atención a las Metas de Carácter, etc.

Por tradición, que ya es norma, los nombres de los equipos son los siguientes:

Grupos AGrupos BGrupos CGrupos DGrupos EGrupos F
FailoCrisónGerenoFrástorMirtiloLinceo
LeónidasAstiloOrsipoUlisesNereoCástor
QuionisCeramosAcantosAgeusKartiónIdas

Las Asambleas: Se denomina Asamblea a la reunión que tienen todos los alumnos de una Sección, de un Curso o de una Clase con el Director General, o el miembro de la Junta de Gobierno en quien delegue. Esta reunión debe ser periódica. De modo ordinario habrá una por evaluación, aunque pueden convocarse más, por motivos extraordinarios. El Profesor Encargado de Curso es quien propone al Jefe de Sección su contenido y el modo en que debe realizarse, informando con la suficiente antelación al Director.

Tienen como finalidad la formación de los alumnos, haciéndoles partícipes de los objetivos que se señalan para el siguiente período lectivo, buscando que colaboren en su consecución y se sientan responsables de ellos. Los asistentes mejorarán su «conciencia de promoción», sintiendo la responsabilidad personal hacia una tarea común, que es tarea de todos, alegrándose con los éxitos del Colegio o de los compañeros y sufriendo con los problemas o dificultades que haya. También aprenderán a enfocar con el espíritu del Colegio situaciones o circunstancias significativas. Es muy positivo felicitar públicamente a quien se lo haya merecido.

Las Pláticas: son las charlas, de aproximadamente un cuarto de hora, que el sacerdote dirige semanalmente a los alumnos de cada curso en el Oratorio. Es a hora fija. Su contenido debe ser muy práctico y concreto, explicado con abundantes anécdotas y ejemplos.

La Tutoría: son las sesiones de formación que habitualmente imparte el tutor, como primer responsable de su clase. Cada clase tiene una tutoría semanal, elaborándose el plan anual por cursos de manera coordinada.

Los encargos:
son responsabilidades que se encomiendan a los alumnos para su mejor formación. El alumno aprecia de modo práctico que su colaboración y esfuerzo beneficia a todos. Por sencillo que sea un encargo, el que lo desempeña debe poner el máximo interés. Algunos duran un curso escolar, aunque la mayoría durarán una evaluación. Todos los alumnos deben tener necesariamente un cargo o encargo en cada evaluación. Siempre se entienden y se orientan como un servicio a los demás.

El Consejo de Curso:
es un organismo colegiado, constituido por el Tutor y cinco o cuatro alumnos representativos del curso, compuesto por el Secretario, el Subsecretario y tres o dos vocales, que trabaja para conseguir una mejora en el funcionamiento del curso y de la Sección. En el caso de Primaria no es necesario el Subsecretario y los tres vocales son los capitanes de los equipos de la clase. Los profesores de cada materia podrán tener un alumno secretario de su asignatura, son funciones sólo en su clase, sin merma de las facultades del Consejo de curso.

Las actividades extraordinarias: Aunque todas deban tener el mismo carácter formativo, hay que distinguir entre las Actividades Extraescolares diseñadas por las Secciones como complemento a la formación recibida en el Colegio para todos los alumnos y las Actividades Extraescolares que se realizan en el Colegio fuera del horario escolar como complemento voluntario de la actividad académica. En el caso de todos los alumnos nos referimos a las excursiones, salidas culturales y convivencias.

En el Retamatch Educar la fe con la piedad se recogen la mayor parte de las costumbres de piedad que se viven en el colegio y en sus familias, pues es esta la iglesia doméstica en que se aprende a vivir la fe.

RELACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y PROFESORES ORDENADOS SACERDOTES DESDE QUE NACIÓ RETAMAR EN 1966

Pinchar sobre la imagen.

Sacerdotes Retamar

Se entiende por convivencia toda aquella salida fuera del colegio de un grupo de alumnos, que tenga una finalidad formativa, cultural, deportiva y académica y que se prolongue más de un día. Se distinguen claramente de las salidas culturales y las excursiones, no por su finalidad —que es la misma—, sino por su duración.
La convivencia que anualmente se organiza para cada curso es uno de los más importantes medios del Plan de Formación de los alumnos. La convivencia ha de prepararse muy bien para que se consigan sus fines:
a) Medio de formación humana y espiritual.
b) Medio para que los alumnos se conozcan mejor entre ellos y también pasen tiempo con sus profesores, de modo que aumente el clima de confianza y espíritu de equipo tan importante en Retamar.
c) Medio de formación cultural y orientación profesional.
d) Tiempo de descanso.
A lo largo de estos cincuenta años, los alumnos han recorrido España, si se hace un recorrido gráfico por Comunidades:

· Galicia: con su Camino de Santiago…

· Asturias: con el Santuario de Covadonga; la ruta del Cares …

· Cantabria: con las cuevas de Altamira; Santillana de Mar…

· País Vasco: con TECNUM, Guggenheim, Kursaal…

· Navarra: con la Universidad de Navarra, Puentelareina, Roncesvalles…

· Aragón: con el Santuario de Torreciudad, Zaragoza, Ainsa…

· Andalucía: con el Coto de Doñana, Sierra de Cazorla; Sevilla; Jerez de la Frontera …

· Extremadura: con el Monasterio de Guadalupe; Monasterio de Yuste; Mérida….

· Cataluña: con la Molina; Tortosa; Tarragona; Barcelona…

· Comunidad Valenciana: con la Ciudad de las Artes y las Ciencias; la Albufera; el Oceanográfico..

· Región de Murcia: con Cartagena y su base naval de submarinos; el Mar Menor…

· Castilla y León: con las rutas del Románico, sus Catedrales Góticas; Plateresco..

· Castilla- La Mancha: con Toledo; las Lagunas de Ruidera…

· Comunidad de Madrid: con Griñón; Navacerrada; Las Cabañas; Galapagar…

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No se contradice este elenco las convivencias con los criterios de sobriedad en los que pretendemos formar a los alumnos. Se procura que asistan todos los alumnos del curso a quien va dirigida la convivencia para que puedan beneficiarse de los fines previstos.
A continuación se recoge el testimonio de un asistente a la primera convivencia en Torreciudad que se ha repetido durante veintiocho años consecutivos.


RECUERDOS DE MI PRIMERA CONVIVENCIA EN TORRECIUDAD

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Gracias a papeles que no he tirado y a algún resto de memoria he podido reconstruir brevemente la convivencia que los de COU de 1977 tuvimos en Torreciudad, la última con el Colegio.

Salieron los autobuses el lunes 28 de marzo de la Plaza de la Villa de
Paris. Nos acompañaban Gregorio Perlado, Sebastián Chorro, Manuel Díaz Pinés, Luis Enrique Martínez y Don Pedro Escribano. Para el camino elegimos un itinerario alternativo que evitaba la aburrida y monótona carretera nacional –“la ruta de los pardillos”. Llegamos al Burgo de Osma a tiempo de visitar la catedral, nos sentamos a comer en Soria, y después de pasar por Tarazona, llegamos a nuestro destino a tiempo de instalarnos en El Poblado, cenar, divertirnos a costa del vino Once Dedos que distinguía la mesa de profesores y aún de celebrar una breve tertulia.

Utilizamos los pabellones en que se habían alojado los trabajadores del pantano de El Grado. Austeros y básicos (se estropeó el agua caliente), a pocos kilómetros del Santuario que visitamos al día siguiente, día luminoso y frío. El diseño arquitectónico sorprendía por su novedad, y la construcción de ladrillo producía un impactante efecto visual sobre el fondo blanco del Pirineo y las aguas del pantano. Hubo tiempo para una meditación, confesiones, y para conocer el Santuario, inaugurado hacía poco más de un año, y en muchos aspectos aún en fase incipiente.

El miércoles, unos fueron a Ordesa a ver sus cascadas heladas y los menos aguerridos visitamos Alquezar y su colegiata y por la tarde, Barbastro. Tras la cena celebramos la última tertulia de la convivencia, en la que algunos se retaron a la tradicional bofetada estoica.

El jueves 31 de regreso a Madrid, oímos misa en la Santa Cruz de Zaragoza y algunos, como Emilio Capell, cambiaron a otro autobús que les llevaba a pasar las vacaciones de Semana Santa a Roma y participar en el Congreso UNIV. Inolvidable.

Joaquín Torrente
Marzo de 1977

primer dia de clase. En 2012

¡Por fin llegó el primer día en Retamar! ¡Qué nervios! Anoche me costó dormirme un montón pero por fin sonó el despertador y: ¡a prepararse!

Supongo que será un día emocionante para todos: padres, profesores y alumnos.
Mis padres y yo, ya lo tenemos todo preparado: encargamos el material, mamá ha puesto mi nombre en toda la ropa, ha cosido el escudo en la chaqueta, etc
Mis padres también se han preparado para mi llegada a Retamar. Durante los últimos años han asistido mensualmente a unas reuniones donde ellos conocían al colegio y el colegio les conocía ellos. Según me han contado, fue muy interesante y allí coincidieron con otros papás que traerán a sus hijos al colegio.

La ilusión es tremenda cuando te pones por primera vez el uniforme. Yo ya estaba preparado mucho antes de que me despertasen mis padres porque no hay que llegar tarde ni a clase ni a la ruta.

– ¿Faltará algo? ¿Estará todo en su sitio? Uniforme completo, mochila con la ropa de deporte, material…- no dejaba de preguntarme.
Los que van en ruta tienen que estar con tiempo en su parada y ahí la emoción es mayor porque hay niños de todas las edades. ¡Seguro que los mayores y el profesor encargado de la ruta me ayudarán a encontrar mi clase!
Pero lo primero que me enseñan es que nada más entrar tenemos que saludar a la persona más importante del colegio: Jesús. Está en la ermita que se encuentra nada más entrar por la puerta principal.
Una vez que llego, lo primero que tengo que saber es qué clase me ha tocado y quién es mi primer tutor en Retamar. ¿Conoceré alguien de mi clase? No importa porque desde el primer momento todos son amigos míos y todos nos ayudaremos y jugaremos juntos. El tutor es muy simpático y me trata como si me conociese de toda la vida, mostrándose muy cariñoso conmigo.
Llega la hora de cerrar la puerta y lo primero que hace mi tutor es pasar lista y preguntar el nombre de todos. Ya no estoy solo en Retamar porque todos mis compañeros están como yo y poco a poco nos iremos conociendo. ¡Tenemos suerte!, nuestro tutor es muy amable, tiene mucha paciencia y nos cuenta cosas del cole que repite un par de veces para que no se nos olvide.
Comienza por contarnos cómo debemos estar en el aula y cuál es nuestro sitio. Dejamos la chaqueta en el armario donde también se encuentran nuestros libros y material; me explica cómo debo estar sentado y si quiero hablar o preguntar algo debo levantar la mano; me explica dónde está mi zona de descanso, el comedor, el cuarto de baño. Incluso, si nos da tiempo, nos lo enseña. Está en todo momento muy pendiente de todos nosotros y nos deja ir al cuarto de baño.
Sin darnos cuenta, llega la hora del descanso y varios profesores nos acompañan a nuestra zona para que nadie se pierda. ¡Somos muchos! Allí tenemos unos columpios muy chulos y nos insisten en que allí debemos pasar los descansos.

Empiezo a conocer a mis compañeros. Cada uno juega a lo que le apetece: al fútbol, a la peonza, a las canicas e incluso algunos cambian cromos. Al acabar el tiempo de descanso, los propios profesores nos acompañan al aula.
Después de tener una clase, que se me ha pasado sin enterarme, nos vamos a comer. Observo que hay mucha gente pendiente de nosotros y no sólo mi tutor. Conocemos a las cocineras que son muy cariñosas con nosotros; también lo debemos ser nosotros con ellas. La comida me gusta mucho. El profesor que está con nosotros nos da una serie de indicaciones: cuál es nuestro sitio, bendecimos la mesa antes de comenzar a comer, hay que comerse todo…, y al final, enseñamos nuestra bandeja y nos dicen dónde debemos dejarla. Lo más chulo es que los cubiertos hay que echarlos por una especie de tobogán y lo tenemos que hacer nosotros.

Una vez que hemos comido tenemos un buen rato de descanso, pero antes hacemos una visita a la ermita para saludar a Jesús, darle gracias y contarle cómo me va el día. Después de ésto… ¡a jugar!
Cuando acaba el descanso volvemos al aula donde mi tutor sigue explicándome muchas cosas del colegio: ahora toca el modo de estar sentado en mi sitio para trabajar bien; levantar la mano antes de hablar para que haya un orden dentro del aula; utilizar el material de trabajo, que por cierto debo llevar a casa algunos libros para forrarlos y poner mi nombre; y muchas más cosas. Pero se detiene un buen rato en explicarnos muy bien una cuestión muy importante en el colegio: las metas de carácter. Hay tres y cambian cada mes y medio, más o menos. Con ellas tratamos de mejorar como personas y ayudar a los demás. Mi tutor insiste en que también hay que vivirlas en casa y que no basta solo con cumplirlas en el colegio. ¡Espero explicárselo bien a mis padres!

Antes de salir otra vez al descanso, merendamos un pequeño tentempié pues la tarde es muy larga. Todos mis compañeros están muy contentos aunque alguno se le hace un poco largo el día y se acuerdan de mamá, o tienen sueño y se duermen.
Después del último descanso, ya estamos un poco cansados pero entran a clase otros profesores y casi todos hablan en inglés. Nos insisten en lo mismo: levantar la mano antes de hablar, estar bien sentados…, pero sus clases ¡son muy divertidas!

Antes de acabar el día, vuelve nuestro tutor a clase y pasa una y otra vez lista preguntando a los niños quién va en ruta y quién va en coche. A los que van en ruta se los llevan un poco antes de terminar las clases para ir dejándolos, uno a uno, en su autobús. Los que se van en coche, esperan en un aula hasta que vienen a recogerlos. ¡Es muy importante que nadie se pierda el primer día!
Llego a casa completamente agotado pero he de contestar a innumerables preguntas de mamá y papá. Me voy a dormir pronto porque mañana me espera otro estupendo día en mi colegio, pero ya sin tantos nervios.
¡Ya soy alumno de Retamar!

La Navidad es la época mágica del año. Y por eso son unos días muy especiales preparándola también en Retamar.

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Desde siempre los belenes del Colegio, uno por aula, uno por Sección y el “grande con el rio que lleva agua de verdad” del Oratorio, marcan el inicio de estos días llenos de ilusión, nervios y actividades diferentes que se entremezclan con el trabajo ordinario.

Desde que Retamar existe, sobre todo con los más pequeños, cantamos villancicos en las clases, adornamos las aulas con el natural forcejeo de los intrépidos que quieren dibujar en la pizarra campanas, ángeles, letreros de ¡¡Feliz Navidad!!… con el intento vano de no dar clase por tener la pizarra tan bonita que nadie se atreviera a borrarla, en detrimento de las temidas e interminables hileras de sumas, restas, multiplicaciones y las complicadísimas divisiones con decimales… por no hablar de las intrigantes formas de los verbos que nos complican la vida con las “H”, y las “¿B o V?”.

Paseábamos por donde nos dejaban, deleitando con los desafinados grupos corales que convertían estos días previos a la Navidad, en un cumulo de momentos entrañables consiguiendo romper la rutina del resto del curso, con ese derroche de alegría y espontaneidad que solo los niños pequeños pueden ofrecer con el brillo de sus ojos al tratar de llenarnos de la Virgen Maria lavando los pañales, o San Jose tirando de la mula caminito de Belén.
Las madres, más que los padres, se colaban como podían para ver a sus niños cantar en las cocinas, en los vestíbulos, y no digamos el tradicional villancico a los chicos mayores de COU, que les acompañan con palmas y bolsas de caramelos que entregan como testigo a la generación que comienza, ahora que ellos acaban con más nostalgia de la que les gusta aparentar.

Al final de la década de los 80, tomamos la decisión de hacer partícipes a esas madres de las fiestas de Navidad, y preparamos a los desafinados niños para que durante una hora hicieran pasar un buen rato a sus padres. Evidentemente cuando las madres organizan, los padres vamos detrás, y asi arranco la primera Fiesta de Navidad, llena de familias al completo. Motivo también de regocijo entre las hermanas que vienen a ver a sus hermanos, perdiéndose no sé cuántas clases de cualquier asignatura en sus Colegios.

Desde entonces, cada navidad, los pequeños, desde 1º hasta 3º de Primaria, preparan unos villancicos, dirigidos por sus tutores, para celebrar en Retamar esas entrañables Fiestas junto con sus padres y hermanos. Cada clase sale al escenario y, dependiendo del oído del tutor de turno, entonan un estruendoso cantar lleno de ilusión como todo lo que hacen ellos. Las familias corean junto con sus hijos, palmean, y revientan el salón de actos de sus aplausos y sus “bravos” a estas criaturas que no se han visto en otra en su vida.

Cuantos más tonos equivocados se escuchan, mayores son los aplausos de esos entusiastas padres que tratan de que su hijo se sienta el rey de la fiesta. Se divierten de lo lindo y, como no puede ser de otra forma, esperan con anhelo el premio al mejor villancico que como siempre termina siendo la consabida bolsa de caramelos, de esos que no se pegan a los dientes y no producen consecuencias colaterales que hagan trabajar a los dentistas.

Nombran a los vencedores del concurso de figuritas de belén que convocamos días atrás para llenar los portalitos de cada clase. Alunas de ellas son realmente una obra de arte y otras no llegan a ser pecado, porque el Niño Jesus solo mira el cariño con que se hacen las cosas, aunque los resultados sean más que mejorables. Esta es la grandeza de los niños, que cuando ponen su esfuerzo en algo, todo lo ven con esos ojos que, por la magia de su inocencia, son capaces de transformar una ovejita con aspecto de elefante, en la más bonita de las ovejas que nadie pueda imaginar.

Como fin de fiesta, los niños se sientan en las butacas que ocupaban sus padres y son ellos los que suben al escenario y, bajo las órdenes del profesor de música, cantan a sus hijos una serie de villancicos entre el regocijo y el orgullo de los pequeños que ven cómo se esfuerzan en pasar entre todos un rato de familia, entrañable, divertido y con ese toque de ilusión y nostalgia que siempre produce la Navidad.

Pasan por las clases, recibe cada familia de sus hijos el christmas que les han preparado con los mejores lápices de colores que tengan y se van a casa. Los mayores con el deseo de que no pase esta edad tan apasionante y los pequeños con la mente puesta en la visita que al día siguiente harán los RRMM a sus clases en Retamar.

Enrique de Alba
Jefe de Sección V

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