Empleados de Retamar

MUCHAS VIDAS DEDICADAS AL COLEGIO

Los profesores y el personal no docente de Retamar ha constituido el fermento de la labor realizada durante estos cincuenta años.

Constituyen el nexo de unión entre todas las promociones y la referencia más cercana del espíritu y del ideario del Colegio, pues sólo si se ve cómo se vive, se puede replicar y hacer propio.

Al intentar contactar con todas las personas que han pasado por el Colegio y que, por su trabajo o colaboración, han hecho realidad su historia, lo primero que se ha elaborado es la relación, lo más completa posible, de todos ellos. Hemos llegado a superar las mil personas, de las cuales setecientos han sido docentes: cien de ellos han trabajado exclusivamente en la sección de tarde.

Como presentación de lo que iba a ser el Cincuenta Aniversario, se elaboró un vídeo conmemorativo, en el que participaron algunas de las personas más representativas de estos cincuenta años. Se utilizó para intentar llegar al máximo posible de esas personas que han trabajado en Retamar, animando a que facilitaran sus datos actuales y pudiéramos hacerles partícipes de todos los eventos de esta celebración. El vídeo tuvo mucha aceptación: con fecha 7 de diciembre de 2014 fue presentado y puesto en el canal de YouTube de Retamar, y ha cumplido su objetivo.

Dentro del marco de las celebraciones del Cincuenta Aniversario del Colegio, el día 22 de diciembre se estableció como fecha de encuentro y homenaje a todos los que han trabajado en Retamar durante estos cincuenta años. Se ha querido que este acto coincida con la tradicional cena de Navidad por el significado que tienen estas fiestas para todos, al ser días de familia, días entrañables, de agradecimiento y de perdón por los posibles errores cometidos en el trato entre unos y otros.

Con ese encuadre, se entiende que no fuese un acto de etiqueta ni especialmente encorsetado, sino un acto de encuentro entre todos los que han dado vida a Retamar en estos cincuenta años.

De agradecimiento no de la institución, sino de unos a otros, por todo lo que hemos aprendido y compartido durante todos estos años. Si el agradecimiento fuese institucional, desde el Colegio, deberían estar presentes los padres, los antiguos alumnos y los alumnos, ya que ellos han sido los grandes beneficiados de nuestra labor.

Por este motivo, esta celebración se centró en el reconocimiento de aquellos que han colaborado durante más de treinta y cinco años con el Colegio.

Se ha fijado en treinta y cinco años el punto de homenaje porque esa cifra responde a una vida laboral completa y, también, no hay que engañarse, porque resultaba una cifra total muy redonda: CINCUENTA, como los años que se celebran. Y se han dicho “cincuenta” aunque se lean cuarenta y nueve nombres; pues el número cincuenta es el resto: cada uno de los que han trabajado en Retamar, mucho o poco tiempo, pero que ha puesto su granito de arena en la labor realizada durante todos estos años y de la que nos sentimos todos tan orgullosos.

En el acto previsto primero se explicó brevemente la web del Cincuenta Aniversario, para que puedan disfrutarla, y las exposiciones que ya están inauguradas y las que se irán abriendo a lo largo del curso. Es tanto lo que se está haciendo, que es difícil darse cuenta de su alcance. Al menos se quiere que lo conozcan.

Después se pasa a entregar los reconocimientos a esas cuarenta y nueve personas que han colaborado durante más de 35 años, y el acto se cierra con las palabras de los tres más veteranos y de los tres directores que han coincidido con todos ellos, así como con un breve video conmemorativo del día de hoy.

Como viene siendo habitual, la respuesta previa ha sido excepcional, manifestación de la muestra de la unidad con que se han vivido estos años, de manera ininterrumpida y milagrosa, gracias a San Josemaría que ha velado por que se mantuviera siempre su espíritu en Retamar.

Las personas a las que se hicieron referencia, de menos a más años de colaboración en Retamar:
BAÑUELOS PEREZ, JESUS
RUIZ DANA OTHEO, JOSE MARÍA
CASTILLO PALMA, NORBERTO
SARMIENTO GONZALEZ, JUAN JOSE
FERNANDEZ DE AGUILAR, J. RAMÓN
FUENTES BARQUERO, PEDRO
BURON CADENAS, JESUS
GONZALEZ TORNOS, JUAN ANTONIO
LOPEZ BELTRA, JUAN RAMON
CHACON CIRUELA, ANDRÉS.
FRAILE OCAÑA, JUAN ANTONIO
MATTHEWS, ANTHONY
OSBORNE, KIERAN PAUL
PERMANYER FERNANDEZ, RAFAEL (nos acompañó su mujer –Mica– e hija)
GARNICA ESTEBAN, JAIME
TORRES LOPEZ, JOSE MARIA DE
YEBRA DE LA CRUZ, JUAN
MORENO LUQUERO, RICARDO
CONDES SANDINO, MARCO POLO
GARCIA-AJOFRIN ALIA, JOSE MARÍA.
SANCHEZ PEREZ, MIGUEL
LERENA MARTIN, ELISEO
MUZAS VEGA, MARIANO
ALBA ALONSO, ENRIQUE
BRAVO RUIZ, JOSE ANTONIO
CALVO MANZANO, TOMÁS
ROMERO ORTEGA, ALBERTO
CASADO SASTRE, JUAN BAUTISTA (considerando su marcha a Andel como continuación de Retamar)
ROSSIGNOLI SUSIN, JUAN
HERRERO ARRANZ, CESAR MAG.
SANCHEZ PEREA, VICENTE
TORRES LOPEZ, LUCIO DE (considerando su marcha a Andel como continuación de Retamar)
ARENAS BENITEZ, ENRIQUE
FERNANDEZ BASTARRECHE, RICARDO
GARCIA DE PRADO, VICTOR
SALINAS GOMEZ, ANTONIO RAMÓN
PELLICO BOSCH, JAIME
MARTINEZ SANCHEZ, LUIS ENRIQUE
CANO TRIGO, LUIS
GIL SANCHEZ, FRANCISCO
BARBA LOPEZ, ANDRES (nos acompañó su mujer –Marina– en el acto de reconocimiento académico)
CAO VIZOSO, JOSE MANUEL
DIAZ ARGUELLES, ANTONIO
MUÑOZ TRAPERO, JOSE LUIS
HONRUBIA GOMEZ, ALEJANDRO
LOPEZ RAMOS, DANIEL
NUÑEZ NUÑEZ, SOCORRO
RODRIGUEZ SANCHEZ, JUAN
PERLADO JIMENO, GREGORIO

Por su carácter entrañable y valioso para todos los asistentes al acto, se recogen las palabras de:
LOPEZ RAMOS, DANIEL
RODRIGUEZ SANCHEZ, JUAN
PERLADO JIMENO, GREGORIO

El acto quedó clausurado con la proyección del siguiente emotivo vídeo:

PALABRAS DE DON GREGORIO PERLADO

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Como acaban de hacer mis compañeros, tomo el micrófono para agradecer a la Junta de Gobierno del Colegio, en mi nombre y en el de todos los homenajeados, este reconocimiento por los años de trabajo en Retamar que, en algunos casos pueden parecer muchos pero que son un visto y no visto, eso sí, cargadísimo de anécdotas, recuerdos y muy buenos momentos inolvidables.

En mi caso, llegué a Retamar de repente, cuando orientaba mi actividad profesional hacia otros campos. A veces he comentado que si alguien me hubiese anticipado dos días antes, que el 26 de octubre de 1968, lunes, iba a trabajar en el campo de la educación, le habría pedido que con las cosas serias no bromeara y que me dejase seguir con tranquilidad el camino empezado a trazar. Pero ya veis: una llamada telefónica la noche del sábado anterior, una entrevista con el subdirector del Colegio, Eduardo Gutiérrez, la tarde del domingo en la sala de estar de la residencia, localizada en lo que es ahora el aula de 3ºA de ESO en la tercera planta del Edificio Principal y el lunes –con la idea de que iba a ser sólo por unos meses– aquí estaba dando clases en 1º y 2º de Bachillerato (antiguo) a los Baselga, los Irisarri, de la Rica, Ruigómez, Bernat, Mencos Sendagorta, Wesolowski, y demás compañeros mártires.

Avancemos un poco más. Estamos en la primavera de 1969; hace poco más de dos años que ha echado a andar Retamar. Los profesores pasamos una tarde de sábado en el colegio en lo que llamamos un “Open House”. Con Luis Rodríguez Ramos como Director, estamos: Philip Muller, Paco García Priego, Barry Cole, Jaime Mascaró, Eduardo Gutiérrez, Pablo Oliver, José Antonio Valenzuela, Luis Felipe Areta, Manuel López de la Nieta, Miguel Arboleda, Luís Cano, Blas Lozano, Manolo Díaz Pinés, Luís Enrique Martínez, D. José Julián, José María Fibla, José Antonio Longobardo, Pedro Muro, Manolo Clavero y unos pocos más; se juega un partidillo en el campo de tierra, cerrado con una valla lateral que le separa de la maleza que llena el terreno que ocupa el actual graderío y ya en los comedores, después de merendar, se suceden los brindis; se quedó en mi memoria el de Eduardo Gutiérrez, Guridi, ahora sacerdote: Brindo por todos los profesores de Retamar que se sucederán a lo largo de los años. Porque Retamar será, lo que sus profesores sean. Ahí, en ese brindis, estábamos todos.

A esa lista exigua de profesores se añadía otra más corta de personas que ayudaban los primeros años en las tareas educativas del colegio desde los servicios auxiliares: Maximiano Rodríguez, Julio Sastre, Goyita Pérez, Anastasio Burón, Ernesto Benito, Aurelio Lozano y Juan García Serrano, Vicente Sánchez, Isabel de la Riva, Amadina, Maria Rosa en el Patronato…

Desde aquel entonces, más de 1500 personas han gastado su vida en Retamar, dando lo mejor de sí mismos.

El 28 de octubre del 72, San Josemaría nos recordaba, en lo que ahora es el aula de música, que en el Colegio lo primero son los padres, después los profesores y los últimos los alumnos y que así, las cosas irían bien.

En 1971, tras el breve intervalo del curso 70/71 de Jesús Riosalido como Director, llegó un nuevo equipo con Ignacio López Jurado al frente, Juan Antonio García Novo y Fernando Chiclana.
Retamar, al cambiar su estructura de gobierno, dio un salto hacia delante y cuajó en su organización interna, permitiendo maneras de afrontar los problemas y buscar soluciones que aun hoy, 45 años después, mantenemos vigentes y enriquecen la tarea educativa del Colegio.

Desde entonces, la estructura en Secciones se ha acomodado con su enorme flexibilidad a la realidad puntual de cada momento del Colegio. El Jefe de cada Sección es figura clave del día a día del Colegio. Dejando que ruede la memoria, una relación lo más completa posible de los Jefes de Sección que hemos tenido en estos Cincuenta años, incluye a Augusto Fernández de la Reguera (parece que aún le veo apoyado en la barandilla de las escaleras de la primera planta, recibiendo a sus alumnos a las 9:15, serio, pero acogedor), Blas Lozano, Paco García Priego, José Antonio Longobardo, Domingo Rivera, Andrés Barba, Daniel López, Luís Enrique Martínez, Antonio Díaz Argüelles, Vicente Quintanilla, Julio Gallego, Lucio de Torres, Enrique Arenas, Ricardo Moreno, Enrique Alba, Juan Ramón López Beltrá, José María Gil, Santiago Sastre… y los actuales: Alfonso Hervás, Manolo Gallud, Miguel Ángel Martínez, Jaime Soteras, Marco Polo Condés…

Jefes de Sección, Preceptores, Profesores Encargados de Curso y Tutores componen el riquísimo plantel que hace que el Colegio arranque, como motor bien engrasado, en septiembre cada nuevo curso, o después de unas vacaciones o cada mañana. Siempre es el mismo milagro: cientos de alumnos que llegan, saludan al Señor en la ermita, se cruzan con profesores –todos afanosos y con prisa– y a las 9:30 el colegio se sume en un llamativo silencio, señal inequívoca de que han empezado las clases y todos están en su tarea. Uno no se acostumbra; dentro de las clases, el murmullo lógico, pero hay que acercarse a la puerta para cerciorarse de que ya terminaron las vacaciones o de que ha empezado una nueva jornada y la magia ha vuelto a funcionar.

Esa tarea educativa se quedaría incompleta, por mucho que fuera el esfuerzo y la ilusión de los profesores si en todo momento no contase con la colaboración de un equipo de personas que a veces se les ve poco pero hacen mucho:

  • El Colegio limpio cada mañana: otro de los milagros diarios al que no nos podemos acostumbrar; y enseñar a los alumnos a mantenerlo así;
  • La comida siempre bien preparada y sabrosa: qué buenos recuerdos traen a todos los que han pasado por el Colegio el pollo con patatas fritas, la paella de Retamar, las Retaburger, la Coca-Cola de los días festivos y hasta el cocido madrileño magistralmente preparado.
  • Los equipos atentos, cariñosos y serviciales de Conserjes: Maximiano Rodríguez, Rafael Pintado, Pepe Borrego, Julio Sastre, Eladio Gullón, Vicente, Virginio, Luis Burón y los actuales Imad, Manuel, Tomás y Juan.
  • Y otros equipos más: los que han pasado por Secretaría haciendo amable la burocracia y sin repetir el vuelva usted mañana; y los equipos de mantenimiento que consiguen que el Colegio luzca como en sus primeros años sin que parezca que ya tiene cincuenta.

También, en un día como hoy, nuestro recuerdo para aquellos a los que el Señor ya ha llamado a su lado, con el riesgo de dejarme alguno, no por ello menos querido: Rafael Echaide, arquitecto de los primeros edificios del Colegio; Alejandro Menéndez-Pidal, Alejo Sánchez Mira, Sebastián Chorro, Juan Ignacio Niño, Inocente Aguilera, D. Fernando Arcos; Andrés Barba, Andrés García, Juan García (primer conserje de la SET); D. Helmut, Jesús Riosalido; Faustino Colomo, Ángel Ramos, José María de la Brena. Eliecer y Carmen (fallecidas en el accidente del 1 de diciembre del 94), Bernarda Núñez; Álvaro García Velázquez, Manolo Izquierdo, Teodoro Domingo, Tomas López Palencia y David Luengo; Rafa Permanyer y Miguel Ángel Pérez; Paco Olea; José Antonio Pérez Cabaleiro (el primer médico fijo en el Colegio). José Luis Ochoa de Olza, Lorenzo Paradinas, Paco Pareja y Modesto Piqueras; Julio Sastre; Joaquín Verdú, Eduardo Mateos y Virginio Domínguez Tenorio, Juan Lobo, Carlos del Cerro (padre); D. Jaime Tovar y D. Julián Ruano, D. Francisco Beltrán, D. Francisco Luna, D. Ángel García Dorronsoro, Paco Monzó… y los más de 130 alumni fallecidos en estos 50 años, por los que celebramos una Misa el pasado 30 de noviembre.

La Junta de Gobierno, variada y numerosa en sus nombres a lo largo de los años, dirige esta orquesta que suena tan bien. Durante estos cincuenta años han sido cinco sus Directores Generales: Luis Rodríguez Ramos desde el 66 al 70, Jesús Riosalido el curso 70-71; Ignacio López Jurado del 71 al 92, Alberto García Mina del 92 al 2000 y José Luis Alier desde ese 2000 a la actualidad. Además, pasamos por la Junta muchas personas, todas entrañables: Luis Felipe Areta, Pepe Landín (durante más de 30 años), Luis Sabatés también 30 años, Ricardo Moreno en dos etapas distintas, Peque García Novo posterior director de Gaztelueta y de Aldovea, José Alberto Torres, Fernando Marti, Gonzalo Nadal, Antonio Díaz Argüelles primero como Director de la Sección de Tarde y luego como Director Técnico del Colegio, Fernando Chiclana, dos años pero muy jugosos; José Luis López Lubián…. Y toda la Junta actual. Su gobierno siempre ha sido exquisitamente colegiado, como una característica fundacional querida por San Josemaría que abominaba de la figura del director-propietario y no quería dictadores en las labores apostólicas del Opus Dei.

En esta etapa de mi vida, que es ya de colaboración voluntaria con Retamar, no piso aula ni toco tiza; pero sigo sintiendo algo por dentro que seguro que es general: educar y servir; y que me lleva a pensar que además del monolito de la entrada dirigido a los alumnos se pudiese poner otro pensado para nosotros, que parafraseando, dijese así: entra por esta puerta, cada mañana, con la ilusión de educar. Sal por esta puerta, cada tarde, con la alegría de haber servido a tus alumnos.

Esta vocación docente, que es de servicio, llena la vida de los que la tenemos, y es un continuo y perpetuo motivo de dar gracias a Dios.

No levanto mi copa, porque aún no es la hora de las copas, pero brindo por los próximos 50 años de Retamar, que todos veremos ilusionadamente: la mayoría desde esta Tierra bendita nuestra y algunos pocos, entre los que me cuento, por la Misericordia de Dios, desde el Cielo.

Gregorio Perlado
Se incorporó a Retamar en 1968.

PALABRAS DE DON DANIEL LÓPEZ

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Ante todo disculpad que estas sentidas palabras las pronuncie en español, aunque sé que, con ello, voy a defraudar a Manuel Gallud y Antonio Orol que seguro no esperaban esto de mí.

Llegué a Retamar con 20 años, recién diplomado como Maestro en la Escuela de Magisterio Pablo Montesinos de Madrid. Aquí se inició mi vida como docente pues tuve la inmensa suerte de que el catedrático de Pedagogía atendiera la solicitud de alguien de la Junta de Gobierno y me seleccionara junto a varios de sus alumnos para venir a Retamar a realizar una entrevista de trabajo. Fruto de esas entrevistas nos seleccionaron a José Manuel Cao y a mí. Debo reconocer que en un primer momento, me incomodé con la inminente incorporación a trabajar como profesor, pues mi idea era la de matricularme en la Universidad e iniciar mis estudios en Psicología. Gracias a Dios, debí pensármelo mejor y compatibilice las dos vocaciones: ser profesor en un colegio y estudiar nocturno mi segunda carrera. Años después, casi me da vértigo pensar como habría cambiado mi vida por una mala decisión.

Digo esto, porque estoy convencido de que en ningún otro destino al que hubiere dirigido mi existencia hubiese podido tener ni la vida de piedad, ni las relaciones humanas, ni seguramente los éxitos profesionales que en Retamar he cosechado. Por eso, muchas gracias a todos los que me habéis ayudado.

En cuanto a mi vida de piedad debo recordar a todos y cada uno de los buenos sacerdotes que de una u otra manera han ido moldeando mi personalidad, desde el embeleso de don Luis Augusto a la pedagogía de don Enrique Parada pasando por la paz de don Luis Carrión, la energía de don Gonzalo Lobo, la bondad de don Fernando Arcos o la cercanía de don Luis Cano, don Enrique Naval o don Blas Lozano.

Por cierto, a don Blas debo el cariñoso Donda con el que muchos me llamáis. Compartíamos allá por el año 1971, los mismos alumnos de 1º de Primaria y siempre que los peques acortaban mi nombre de don Daniel a simplemente Donda, él se reía con esa carcajada limpia y sonora tan característica suya. Hasta que al poco tiempo, él también empezó a llamarme así. El resto de los alumnos de otras clases se apuntaron y también el resto de mis compañeros.

Hablando de compañeros, seguro que uno de los puntos fuertes del Colegio es el nivel de compañerismo que hay entre los empleados. En los 45 años que llevo en Retamar he pasado por muchos despachos, desde el mítico formado por Jesús Burón, José Pérez Bodeguero y Lucio de Torres en 3º de Primaría donde compartíamos juventud y letras firmadas, hasta el actual de 6º con José María Gil, Javier Martínez, Eduardo Jaudenes, Santiago Iglesias, Daniel Costo y James Aspden compartiendo el objetivo de triunfar en las Pruebas CDI de la Comunidad.

No puedo dejar de mencionar la década en 2º de ESO pues la recuerdo con gran cariño en la que conviví en distintos cursos con Javier Iturbe, Guillermo Turiel, Antonio Ramón Salinas, Nicolás Chazarra, Carlos Pfost, Javier Gómez, Andrés Chacón, Antonio Gómez, Juan Ramón López, Alberto Fernández, Jesús Sastre, don Chema Esteban, Javier Carnota, Antonio Segovia, José Antonio Bravo, Manuel Izquierdo y Rafa Permayer. De cada uno mil recuerdos, uno general, las convivencias en Torreciudad con sus juegos nocturnos al pie de la presa. La vitalidad de Manuel Izquierdo que contagiaba a sus alumnos especialmente en los días de lluvia en las escaleras de acceso a los comedores o el entrañable trato con Rafa Permanyer, atendiendo juntos el comedor o compartiendo tizas amarillas para sus espectaculares dibujos esquemáticos en las pizarras.

Aunque nunca coincidí con ellos en el mismo curso, tengo que referirme a unos profesores que fueron para mí un ejemplo a seguir. Maestros entrañables a la par que excelentes profesionales por los resultados que siempre obtuvieron de sus alumnos. Me refiero entre otros, además de los que antes he citado, a Jaime Garnica, César Magdaleno Herrero, Eliseo Lerena, José Manuel Cao, Juan Yebra, Ricardo Fernández, Juan Antonio González, Keeran Osborne, Mape y Andrés Barba. Corroboran a mis palabras las muestras de cariño que en las Fiestas Fin de Curso cualquiera de ellos ha recibido, no sólo de los alumnos actuales sino también de las promociones veteranas.

Hablando de veteranía, no creáis los profesores más jóvenes que tenéis mucho tiempo por delante para alcanzarla. Un año de experiencia en Retamar equivale aproximadamente a dos o tres en otro centro. Por eso quiero, si me lo aceptáis, animaros no sólo a emular, sino incluso a pulverizar los logros conseguidos por todos en estos casi cincuenta años que en este curso celebramos. Las dificultades que la sociedad actual nos pone para educar, sólo serán superadas por profesores como vosotros, llenos de ilusión y ganas de aprender, de vuestras propias experiencias por supuesto, pero también de vuestros compañeros con más veteranía, trabajando en equipo y aunando voluntades y compromisos. Como Paco Gil seguramente nos diría, esto es una carrera de relevos entre profesores de distintas generaciones que nos vamos pasando el testigo con un mismo objetivo: conseguir de nuestros alumnos “grandes hombres, grandes sabios, grandes santos”. Evidentemente, esta travesía no sería posible sin una buena dirección al timón. En este punto podemos estar muy tranquilos porque tanto Ignacio López-Jurado, como Alberto García Mina o José Luis Alier Gándaras han demostrado que el barco ha navegado y navega seguro y a toda vela.

Hablando de velas, ¿qué sería del Oratorio o de la Ermita sin la dedicación de Socorro. Socorro sí que es por si sola una institución, ¿alguien se puede imaginar qué sería del Colegio sin su presencia y su trabajo callado pero efectivo durante tantos años?

Y siguiendo con las instituciones, que se puede decir de Juan Rodríguez que no hayamos dicho ya entre nosotros, de su capacidad de trabajo, su efectividad al teléfono aún con nueva centralita o su diplomacia que le atesora como la cara amable de Retamar. Recuerdo una tarde hace años, cuando la conserjería principal estaba en la planta baja del edificio de las secciones I y II y Juan desde su mesa había notado que había una clase de 2º de ESO en la 1ª planta que estaba sin profesor y no encontrando una solución más rápida, pasó a la Biblioteca y haciendo gala de esa diplomacia a la que antes me refería, me vi dejando de trabajar en el despacho para sustituir al profesor ausente.

O Gregorio Perlado al que debemos entre otras muchas cosas la organización de las Fiestas de Fin de Curso, tan entrañables, en las que las mamás participaban confeccionando los disfraces de sus hijos, hasta que Miguel Sánchez se nos puso envidioso y pidió confeccionarlos todos él, o el haber institucionalizado los famosos sábados gregorianos.

Sería injusto no agradecer desde este micrófono la laboriosidad, dedicación y cariño con que todas las componentes del departamento de cocina nos obsequian cada día a las aproximadamente 2000 personas que pasamos por las barras y siempre con una sonrisa, incluso cuando nos apagan las luces del comedor.

Y ahora que menciono las luces, un reconocimiento a la profesionalidad y efectividad de los Departamentos de Mantenimiento, Jardinería y Conserjes que son capaces de mantener los edificios y las instalaciones de un Colegio Cincuentón sin achaques ni goteras, o tener unas zonas ajardinadas con el arbolado tan espectacular que realzan el Colegio dejando epatados a nuestros visitantes y a nosotros mismos, especialmente en Otoño. Vamos que nos tienen un Colegio que parece uno recién construido para hacer un buen papel en su Cincuenta Aniversario.

Y hablando de papeles, como no agradecer al Departamento de Gerencia, Secretaria, Reprografía y Nuevas Tecnologías que son capaces de sacar las notas en tiempo y fecha aunque los profesores se las pasemos en el último momento, o conseguir que funcionen las pizarras digitales de las aulas y los ordenadores en los despachos.

Sin ellos, sin el personal no docente, todos estamos seguros de que nuestra tarea educativa sería mucho más complicada.

Y por último no puedo dejar de mencionar a la Junta de Gobierno, a los jefes de sección, que junto a todos los profesores de sus edificios consiguen que Retamar sea Retamar.
Pensando en qué es Retamar para mí, quiero destacar entre otros muchos, tres momentos muy personales:

  • El sábado 12 de abril de 1986, día en que enterramos a mi madre, estaba nevando y aún así aparecisteis sin que yo os hubiera avisado, todos los que en ese momento me conocíais. Me sentí muy querido y no dudéis que me ayudó a sobrellevar mi dolor.
  • El Oratorio recién estrenado, concretamente el día del funeral de Rafael Permayer, donde pudimos comprobar la comunión entre los padres, antiguos y actuales alumnos y resto de compañeros.
  • Y otra que he vivido hace apenas unos días, concretamente el jueves de la semana pasada. Estando casi al borde de la desesperación por no saber si sería capaz, dado mi nivel musical, de montar un villancico lo suficientemente digno como para felicitar a los padres de mis tutorados, acudí a Alejandro Rivas para pedirle consejo y ayuda y Alejandro, que estaba preparando el Festival de Villancicos de 1º y 2º de Primaria para los padres (por tanto muy atareado) no sólo me aconsejó, es que en su tiempo libre fue a mi clase a ensayar con mis alumnos. Pero no acaba aquí el, para mí “milagro”, sino que Julio Gallego, con el que sólo comparto el cursillo de julio y apenas veo el resto del año, se ofrece a grabarlo con su super teléfono.

Esto es para mí Retamar, estar rodeado de buenos compañeros y saber que entre todos hacemos Retamar.

Muchas gracias a todos por vuestra paciencia y espero veros en el Centenario, que seguramente Alberto Barrera ya está empezando a organizar.

Daniel López «Donda»
Se incorporó a Retamar en 1971.

PALABRAS DE DON JUAN RODRÍGUEZ

Buenas noches:

Aunque los actuales me conocéis todos, me presento: soy Juan Rodríguez, Conserje del Edificio de la Puerta Giratoria, que además atiendo la centralita telefónica.

Empecé a trabajar en Retamar en 1970, hace casi cuarenta y seis años; entonces, Retamar era más pequeños y con muchos menos alumnos, pero ya se notaba que iba a ser un colegio movidito. No podemos negar que ha sido así y con más energía cada día.

En la actualidad soy un veterano con casi cincuenta años de experiencia; empecé a trabajar en la cocina y allí estuve unos cuantos años; coincidí con unas personas estupendas que me ayudaron mucho.

Después de esa etapa pasé a ser Conserje del Colegio; esta nueva etapa ha sido más ajetreada, cosa que es normal porque la parcela de trabajo es más amplia; tengo que reconocer que aunque es un trabajo muy activo, con situaciones muy distintas cada día, he tenido muy buenos momentos, con muchas historias para recordar que, además, me han ayudado a mejorar como persona y como profesional.

Y para terminar, quiero aprovechar esta ocasión del Cincuenta Aniversario para daros las gracias a todos vosotros por lo bien que me habéis cuidado, respetado y querido durante todos estos años y en especial a la Junta de Gobierno por esta distinción.

Gracias y… ¡¡¡Feliz Navidad y a por otros cincuenta años más!!!

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