Solidaridad

Cincuenta años de solidaridad

En esta ocasión con motivo de la jornada del deporte solidario: un día de fiesta y deporte para los alumnos de 4º de Primaria a 1º E.S.O. con competiciones de fútbol, hockey y baloncesto, cuyo objetivo buscado, entre otros, es conseguir fondos económicos destinados a los proyectos de solidaridad de los campos de trabajo, se ha celebrado, al día siguiente, el acto de reconocimiento por la labor de voluntariado y solidaridad, realizada en estos cincuenta años en Retamar.

Cuando se habla de voluntariado y solidaridad se piensa en acciones a favor de colectivos desfavorecidos, con los que se tiene nula o muy poca relación, o en algunos casos, con motivo de esas acciones, se tiene una relación puntual. Por ello, con independencia de hablar de las características y cercanía que buscamos en todas las acciones que impulsamos incidiendo en la necesidad de personalizar cualquier actividad de voluntariado, intentando entender y comprender, e incluso diríamos querer, a todas aquellas personas a las que pretendemos o buscamos ayudar en sus necesidades más básicas, se debe hacer un breve comentario sobre lo que para Retamar tiene mucho más valor, sin quitar ni un ápice de importancia y transcendencia a las actividades que glosaremos a continuación. Nos referimos a la preocupación por los que tenemos más cerca. Haciendo referencia a dos ámbitos concretos, por un lado el interés mostrado desde el comienzo de Retamar, que todo el que quisiera recibir la formación que se imparte en el Colegio, pudieran acceder a ella.

Por ese motivo un centro educativo que comenzaba con 120 alumnos el 10 de Octubre de 1966, en ese mismo instante, uno de sus objetivos era que quedara abierto a toda familia con independencia de los medios económicos o de su situación formativa y social. Por otro lado siempre con la mano extendida para el que lo necesita, las ayudas económicas no han dejado de crecer a lo largo de la historia de Retamar. En la actualidad un veintisiete por ciento de los alumnos goza de alguna beca o bonificación, llegando a sobrepasar el quince por ciento de los ingresos por enseñanza. En muchas ocasiones, gracias a benefactores anónimos. Muchas familias, ante dificultades concretas de otras, se adelantan y deciden prestarles la ayuda necesaria que de otro modo sería inviable. Han sido muchas las anécdotas que se han vivido en estos años de generosidad escondida, sin publicidad, de la que nos sentimos muy orgullosos. Al igual que se habla de lo económico también se podrían citar otros tipos de ayuda de acompañamiento, de preocupación activa, pero sin estridencias, que hablan de la verdadera caridad.

En esa misma línea, en la Jornada del Deporte Solidario los alumnos de Bachillerato se ocupan de todo, fomentando su responsabilidad, iniciativa, capacidad organizativa y de servicio. Son muchas las virtudes que se ejercen en este tipo de Jornadas, constituyendo, en gran medida, escuelas de formación, más útiles que las clases ordinarias.

El acto, con motivo de este pilar y tras la entrega de los primeros premios de la Jornada del Deporte Solidario, se comenzó con la inauguración de la exposición correspondiente con un panel de cada campo de trabajo realizado y una vitrina con recuerdos de todos ellos:

En Madrid a uno de marzo de dos mil dieciséis, REUNIDOS los miembros del Consejo de Administración de Retamar S.A. y los Patronos de la Fundación de Iniciativas Sociales Retamar, bajo la presidencia de Don Juan Manuel de Toro Martín y actuando como secretario Don Fernando Moreno Cea y, con el conocimiento y aprobación previa, de la Asociación de Padres del Colegio Retamar, ACUERDAN lo siguiente.

PRIMERO: con motivo de las celebraciones por el Cincuenta Aniversario del Colegio Retamar dedicar una jornada exclusivamente a homenajear la labor de voluntariado y solidaridad realizada en estos Cincuenta Años. Manifestando el orgullo y agradecimiento a todos los que han colaborado en estas actividades, que han escrito una página importantísima y fundamental en su historia.

SEGUNDO: establecer como principales áreas desarrolladas en estos años en la solidaridad y el voluntariado, y que marcan el trabajo actual y futuro del Colegio:
• La erradicación de la pobreza
• La difusión de la fe
• La cercanía humana ante las personas solas, enfermas o que sufren

TERCERO: como muestra de la formación recibida por todos los alumnos en estos cincuenta años, examinadas las actividades de voluntariado y solidaridad realizadas, establecer un especial reconocimiento a todas aquellas personas que han permitido que se realicen de manera periódica y constante las actividades ordinarias programadas para todos los alumnos del Colegio, acompañándolos y explicándoles el alcance de las acciones que realizaban:
Inmaculada Ralduá Ferrer, por el esfuerzo y la dedicación, colaborando con la ONG Desarrollo y Asistencia, para llevar a cabo el voluntariado familiar, realizado por tantas familias de Retamar.
José María Puyol Montero, por su labor, durante más de quince años acompañando a los alumnos a numerosas actividades de solidaridad y voluntariado. Aportando en todo momento iniciativa y creatividad en estas acciones.
David Llamas del Valle, por su labor como Director del comité de solidaridad de secundaria e impulsor del deporte solidario y de las actividades que de manera ordinaria realizan los alumnos.
Javier Herrera Fuster por su dedicación y atención a los alumnos de Formación Profesional, junto a D. Antonio Meléndez, en las labores asistenciales en el Centro de Cuidados Laguna y en la Residencia de Ancianos en Pozuelo de Alarcón Las Praderas.

CUARTO, manifestar y reconocer el agradecimiento por el apoyo recibido en la puesta en marcha de los campos de trabajo, que tanto bien han hecho en los alumnos y familias de Retamar, poniendo para ello creatividad, esfuerzo, dedicación e iniciativa para que año tras año se realizaran y se solventaran todas las dificultades que se presentaban. En nombre de las personas que más nos han ayudado en esas áreas desfavorecidas salen a recogerla uno de los alumnos que acudieron y participaron en eso campos de trabajo:

Por el campo de trabajo en Costa de Marfil, D. Ignacio Olabarrieta, Presidente de la Asociación ADESC; Asociación para el Desarrollo Cultual y Social. Sale a recoger el reconocimiento Carlos Oriol Allende que participó en el primer campo de trabajo.
Por el campo de trabajo en Kenia, D. Luis Borrallo, Director de Desarrollo de Strathmore University, sale a recoger el reconocimiento Ignacio Lucaya Castán que participó en el primer campo de trabajo.
Por el campo de trabajo en Tierra Santa, D. José Ángel Domínguez, Secretario de la Fundación Amutat ein Gihon. Sale a recoger el reconocimiento Álvaro Vázquez Martínez-Echevarría que participó en el primer campo de trabajo.
Por el campo de trabajo en Rusia, D. Alejandro Burgos y D. José Francisco Tejeiro, parroquias de San Juan Bautista en Pushkin .Sale a recoger el reconocimiento Álvaro Moreno Martínez Ortiz que participó en el primer campo de trabajo.
Por el campo de trabajo en Sudáfrica D. Andrés Merino, Secretario de Komati Foundation. Sale a recoger el reconocimiento Felipe Vispo que participó en el primer campo de trabajo.

CINCO, manifestar el agradecimiento por las facilidades dadas para que nuestros alumnos pudieran participar en las iniciativas y labores asistenciales que realizan

Banco de Alimentos de Madrid, en su nombre a su Presidente D. Javier Espinosa, nuestros alumnos han intervenido en la gran recogida de alimentos desde sus comienzos.
Fundación Vianorte – Laguna, en su nombre a D. Eduardo Hernández de Armijo como Director General, donde nuestros alumnos han acudido a realizar labores de voluntariado, especialmente en el centro de día de esta institución y donde D. José María Ruiz Dana copera desde sus comienzos.
Parroquia de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, en su nombre su párroco D. José Millán, y Dª María del Carmen Pasquín Moreno que desde 1985 ha canalizado las ayudas realizadas desde Retamar. A esta Parroquia, de manera ininterrumpida, han ido destinados buena parte de los recursos obtenidos en las campañas de Navidad desde el año 1985.
Parroquia Beato Manuel González de San Sebastián de Los Reyes, en su nombre su párroco D. José María Marín, que durante los años en que colaboró en la capellanía del Colegio puso en marcha diversas iniciativas asistenciales, muy especialmente la campaña de Navidad para familias necesitadas de su Parroquia.
Hogar Don Orione, en su nombre a D. Vicente Serrano Parra, Director Adjunto. Nuestros alumnos, en sus visitas periódicas, han podido conocer e interesarse por personas, mayores de edad, con discapacidad intelectual, necesitadas de apoyos extensos y generalizados.
Grupo Casablanca, en su nombre a Dña. Isabel Fernández Cid, directora de Organización, donde nuestros alumnos han acudido durante muchos años atendiendo a personas mayores necesitados de atención y acompañamiento.
Residencia de Ancianos Las Praderas, en su nombre, Dña. Nadia Berobia y D. Lucio Beltrán. Nuestros alumnos han acudido durante muchos años, ahora lo hacen especialmente los alumnos de los Ciclos Formativos, tratando a personas mayores necesitadas de atención y acompañamiento.
• Cooperación Internacional ONG, en su nombre D. Rafael Herraiz, Director General donde han formado a nuestros alumnos en acciones de voluntariado y les han orientado para afrontar acciones como los desayunos solidarios u otras muchas que se han realizado en el Colegio durante años.

SEIS por último reconocer la dedicación y esfuerzo puesto para conseguir la máxima difusión de las actividades de solidaridad y voluntariado, que se vienen realizando en Retamar, mediante las múltiples publicaciones periódicas

Jaime Pellico Bosch, por ocuparse de la elaboración de todas sus publicaciones que reflejan la solidaridad de nuestros alumnos.

Para concluir el acto tienen la palabra sucesivamente Dª Isabel Orbe; D. Juan Ignacio Carbonel; D Andrés Calvo-Sotelo, y clausurará el acto D. Gonzalo Robles. Una vez clausurado el acto todos los que han recibido reconocimiento pueden subir al escenario para hacerse una fotografía de grupo.

Muchos años publicando las actividades de voluntariado de nuestros alumnos

En Retamar pretendemos movilizar a todos nuestros alumnos para que trabajen a favor de los más necesitados a través de programas de sensibilización y de actuaciones concretas de voluntariado. Por ello, como parte de la formación que se da en el Colegio, hemos incorporado una oferta de actividades en las que se inculca en los jóvenes la responsabilidad hacia las personas menos favorecidas, poniéndoles en contacto con los problemas de la sociedad en la que viven, haciéndoles ver cómo con una pequeña contribución de su tiempo o de sus cosas puede ayudar a las personas necesitadas. Tratamos así de encauzar y acrecentar su interés por los demás y de que descubran la alegría de darse a ellos.

En las publicaciones del Colegio, ha sido una referencia constante las actividades solidarias que realizaban nuestros alumnos, como se puede comprobar desde que apareció Retamatch boletín mensual en 1992 y antes en la revista Retamatch. Como comprobamos que estas actividades de solidaridad mejoraban su impacto en los alumnos si les pedíamos que escribieran su experiencia y se la transmitieran con sus propias palabras a los demás alumnos, se creó una publicación especial dedicada exclusivamente a recoger estos testimonios, que apareció por primera vez en noviembre de 2006, con el nombre de Retamatch Solidario.

Los responsables son los Comités de Solidaridad de cada Curso, desde 5º de Primaria a 2º de Bachillerato, compuesto por el Secretario de cada clase y uno o dos profesores que les ayuden a coordinar su labor. Ellos pasan sus artículos a un coordinador general, quien a su vez lo remite al Departamento de Publicaciones del Colegio, que se encarga de preparar la publicación, primero en papel y después en PDF.

En los siguientes enlaces se puede descargar los 57 números de Retamatch Solidario publicados hasta el momento.


El presente informe recoge un relato de actividades de solidaridad organizadas en Retamar por José María Puyol Montero entre 1994 y 2012.

A) VISITAS AL COLEGIO DE EDUCACIÓN ESPECIAL DEL HOSPITAL DE SAN RAFAEL (MADRID)
Antes de 1994 en el Colegio se hacían ya algunas actividades de solidaridad. El profesor Fernando de Andrés llevaba un día a la semana a un grupo de alumnos de 7º de Primaria (1º de ESO) al Colegio de Educación Especial del Hospital de San Rafael, en Madrid. Solían ir unos 8 chicos en una furgoneta que prestaba el Club Argüelles. Se iba por la tarde, habitualmente un martes o un miércoles.

Fue en el verano de 1994 cuando Fernando de Andrés dejó el Colegio porque se iba a Roma y le sustituí yo, José María Puyol, en ese cometido. La actividad continuó en la misma línea que lo hacía Fernando. Después de comer salíamos los miércoles con una furgoneta con unos 8 alumnos de 1º de ESO. Llegábamos al Colegio, sito dentro de las instalaciones del Hospital de San Rafael, junto al estadio Santiago Bernabéu. Allí los chicos se distribuían en salas y ayudaban en actividades con los niños o jugaban con ellos. En el colegio había unos 25 chicos, entre 3 y 18 años, la mayoría con alguna forma de parálisis cerebral, que les impedía hablar o andar normalmente. Con nosotros no venían todos, pues algunos pocos, por lo que fuera, se quedaban en sus habitaciones. Estaban unos 15-20 niños de aquel Colegio.

Pero no todos tenían parálisis cerebral. Algunos tenían otras enfermedades distintas. Uno de éstos era César. Era muy simpático y solía salir a recibirnos al saber de nuestra llegada. Iba saludando uno a uno a cada uno de nosotros, preguntándonos cuál era nuestro equipo de fútbol favorito. A los que eran del Atlético de Madrid les daba un abrazo y a los que éramos del Madrid, nos hacía un gesto despectivo pero a la vez divertido. Sabíamos por el director del Colegio de San Rafael que César tenía un tumor en la cabeza. El tumor seguía creciendo y, según nos dijo el director, algún día fallecería por presión sobre un nervio vital que tenía junto al tumor. Cuando César tenía unos 7 años y estaba por ese motivo en el Hospital, los jugadores del Atlético de Madrid hicieron una visita para llevarles juguetes. Les contaron que César tenía un tumor y que había un cirujano en Munich que había conseguido operarlo con éxito. Entre todos los jugadores hicieron una colecta y le pagaron viaje y operación. Pero no se consiguió eliminar el tumor, que siguió creciendo. Un día llegamos al Colegio y nos dijeron que habían enterrado a César el día anterior. Se había sentido mal, le operaron de urgencia a vida o muerte y falleció sin que pudieran hacer nada para evitarlo.

Otro caso parecido fue el de Israel, un chico que tenía una enfermedad en los músculos y que iba siempre en silla de ruedas. No hablaba bien pero sonreía todo el tiempo. Nos avisaron que un día fallecería por ahogamiento. Y así fue. Un día llegamos y ya no estaba. Murió en el mismo Colegio unos días antes.

Siempre durante el trayecto al Hospital, que duraba no menos de media hora, les explicaba a los chicos el sentido de la visita, para que la aprovechasen más. Y a la vuelta solían contar ellos en la furgoneta sus impresiones y vivencias. Venían siempre muy emocionados y eran conscientes de que habían hecho una cosa buena y, a la vez, les servía para valorar el don que supone tener salud, familia, amigos, posibilidad de hacer deporte. Les impresionaba pensar que esos niños nunca podrían hacer deporte, ir de excursión, salir con sus amigos… Muchos de ellos ni siquiera habían podido nunca hablar con sus madres o con sus amigos, porque la parálisis cerebral afectaba al habla.

El director del Colegio alguna vez nos reunía al grupo y nos daba una charla. Una vez me contó que uno de los niños pequeños estaba con parálisis cerebral porque tras el parto se le cayó al suelo a la enfermera. También recuerdo que en una temporada los chicos de Retamar durante la visita jugaban al ajedrez con chicos que tenían parálisis cerebral. Había uno de ellos, con una parálisis muy pronunciada, que sin embargo era muy inteligente y siempre les ganaba fácilmente. El director nos decía que ese chico era superdotado y que sus padres querían que hiciera una carrera. Algunos días que hacía bueno también sacábamos a los chicos a pasar por el jardín, aunque pocas veces, porque esos niños se podían poner malos con cualquier frío.

También recuerdo que una vez vino Televisión Española a rodar un reportaje. El programa acababa con una fiesta, en la que estuvieron presentes los chicos de Retamar que fueron aquel día. Alguno de aquellos chicos hoy es profesor del Colegio (Santi Díaz González). Conservamos el vídeo del programa. Fue emitido en la 2 unos días después. También tenemos algunas fotos de alguna de aquellas visitas, en el jardín del colegio. Sé que antes de 1994 se publicaron fotos también en algún Retamatch.

Total, que la experiencia del Hospital de San Rafael fue muy enriquecedora para todos y fueron muchos cientos de alumnos de Retamar los que pudieron participar, más de cien cada año. La actividad se desarrolló de forma ininterrumpida hasta junio del año 2000. Pero hacia aquel verano, al ponernos en contacto con el Colegio de Educación Especial, nos dijeron que no iba a ser posible continuar, porque ese verano un chico casi se ahoga cuando otros voluntarios les ayudaban a comer. Y decidieron que a partir de ahora todo voluntario tenía que ser un especialista, para evitar estas situaciones de riesgo.


B) VISITAS A LA RESIDENCIA DE ANCIANAS DE LA ATALAYA (POZUELO DE ALARCÓN)

En la misma línea que las visitas al Hospital de San Rafael, pensamos que cabía organizar otro tipo de actividades de solidaridad para chicos más mayores. Así fue como surgieron las visitas a la residencia de Ancianas de La Atalaya al menos desde 1998. Éstas tenían lugar por la mañana, como de 11:30 a 13:30, en grupos de cuatro de 2º de ESO Íbamos a la residencia y allí se reunían en una sala de estar unas 12 ó 15 ancianas. Hablábamos con ellas en grupos u organizábamos alguna actividad conjunta. A veces era un concurso divertido con preguntas o pruebas; y muchas veces era jugar simplemente a las cartas con las ancianas que querían. A muchas les gustaban que nos interesáramos por sus cosas y nos contaban con gusto sus ‘batallitas’. Les hacíamos pasar un buen rato y nos lo agradecían de veras. Alguna vez también nos llevamos un grupo musical y les dimos un concierto. O les hacíamos un festival con números divertidos. O poníamos música de su época y las ancianas cantaban y disfrutaban. Los chicos aprendían así a hacer felices a los demás, a respetar y atender a sus mayores y a darse con generosidad. Una gran experiencia, muy formativa.
Como en el caso del Hospital de San Rafael, la ida a la residencia permitía hablar a los chicos y servía para centrarles en el sentido de la actividad; y la vuelta para recoger sus impresiones y hacer hincapié en la experiencia vivida y en sacar lecciones. De algunas de esas visitas sacábamos fotos a los asistentes. Por eso hay algunas fotos.Claune. Asilo ancianas


C) COORDINACIÓN DE ACTIVIDADES DE UN PLAN DE SOLIDARIDAD PARA RETAMAR (2002-2007)

A partir de 2002 le propuse al director de Retamar, José Luis Alier organizar un programa o plan de actividades de solidaridad para el Colegio. Me ofrecí a diseñarlo y a organizarlo. El plan consistiría en tres tipos de acciones: campañas generales para todos los alumnos para colaborar en una iniciativa (serían 3 al año); visitas regulares semanales por grupos pequeños en todos los cursos desde 1º de ESO hasta 2º de Bachillerato; y campos de trabajo en verano para los más mayores (1º y 2º de Bachillerato).

Las campañas generales ya se venían haciendo desde el principio del Colegio. Recuerdo, ya a finales de los 60, siendo un alumno del Colegio de los pequeños, venía un obispo o alguien de un país del Tercer Mundo a hacer una colecta, otras veces se pedía ayuda para el Dómund o para recaudar fondos para otra iniciativa buena. Ahora se trataba de engarzar esas colectas en el plan de actividades de solidaridad para todo el Colegio, fijando las acciones concretas que se iban a promover durante un curso. Las colectas que se concretaron recuerdo que eran, por ejemplo, la del Dómund o una recogida general de alimentos en Navidad, que coordinaba, me parece, Gabriel Echanove.

En segundo lugar, fijamos que habría en cada curso desde 1º de ESO hasta 2º de Bachillerato una actividad regular y fija. Hablamos con los Clubs juveniles (Argüelles y Neveros) para saber qué posibilidades había de que monitores voluntarios colaborasen en esta iniciativa. Así enseguida y ya desde de los primeros meses del curso 2002-2003 empezó a funcionar una actividad para cada uno de aquellos cursos: recuerdo que los más pequeños iban a unas residencias de ancianas que había en El Plantío; otro grupo empezó a ir a don Orione, en Pozuelo, a sacar a pasear a chicos con discapacidad; otros continuaban yendo a La Atalaya; otros íban cada semana a Claune, llevados por Jaime Abascal, en grupos de tres o cuatro; y los más mayores iban al comedor de la Madre Teresa de Calcuta que había en la calle Segovia, muy cerca del parque de Atenas y de la Cuesta de la Vega. Pronto los dos cursos de Bachillerato se centraron en este comedor de indigentes, porque la actividad prevista para 1º de Bachillerato no llegó a cuajar desde el principio. Los primeros meses atendía yo la actividad de 1º y de 2º de Bachillerato (martes y miércoles) hasta que enseguida se hizo cargo de la de 1º de Bachillerato Eduardo Campos, de Neveros. De este manera durante varios años los martes iba uno de los cursos y los miércoles iba el otro.

Estas actividades eran regulares, es decir, se hacían cada semana y por grupos reducidos. A cada una de las residencias de El Plantío iba una furgoneta, mientras que a La Atalaya o al comedor de indigentes iban cuatro alumnos y un monitor. Pero además se hacían algunas actividades distintas que eran puntuales u ocasionales: una de ellas era la actividad de Navidades en la Calle antes de Navidad, otra era la cena de indigentes de Nochebuena y otra la recogida de alimentos del Banco de Alimentos, que empezó años más tarde.

La actividad de Navidades en la Calle estaba inicialmente pensada para los chicos de Bachillerato. La empezamos a hacer en las Navidades de 2003-2004. Hacíamos unos cuantos itinerarios y en cada uno había un responsable. Solían participar unos 25-30 alumnos de Bachillerato. Nos ayudaba la ONG Cooperación Internacional, proporcionándonos termos, bollos y algún apoyo logístico de este estilo. Formábamos grupos de 5 ó 6, con un responsable en cada grupo. A cada uno se le daba un recorrido a hacer, un plano, una hoja para llevar un diario, etc. En el recorrido, los chicos iban dando café, pastas, polvorones, chocolate a los muchos indigentes que había por la calle. E iba levantando un acta de todas las personas que se encontraban y las anécdotas que pasaban. Después del recorrido varias veces organizamos una sesión general para comentar las experiencias vividas. Cada grupo solía haber hablado entre 20-25 mendigos. Algunos relatos eran muy emocionantes. Pudimos hacer esta actividad como unos 7 años seguidos. Luego se ha multiplicado y creo que se ha hecho muchas veces y en cursos distintos, en algunos casos participando padres o familias enteras, etc. De lo que nosotros hicimos también tenemos fotos. No faltaron noticias de prensa.

De aquella actividad podría contar muchas cosas. Relato sólo una anécdota. Yendo con un grupo por la calle Goya cerca de Velázquez, nos encontramos con un chico que pedía. Le ofrecimos café caliente y polvorones, que tomó agradecido. Y nos contó su historia. Se había enfadado con sus padres, les había pedido una cantidad de dinero y se había marchado de casa. En un barrio periférico de Madrid se lió con una mala mujer que le engañó y le arruinó. Su situación era penosa y se puso a mendigar. Le daba vergüenza relatar su penuria a sus padres, que vivían en un pueblo en la provincia de Madrid. Le llamaba de vez en cuando y les contaba que todo le iba muy bien. Y en vacaciones iba con ellos unos días, manteniendo su farsa, porque le costaba mucho reconocer su error.

Otra actividad anual que hacíamos era la cena de Nochebuena para indigentes. El 24 de diciembre por la tarde íbamos un grupo a la celebración de la Navidad que las Hermanas Misioneras de la Caridad de la Beata Teresa de Calcuta organizaban en el Colegio de los Sagrados Corazones de Ferraz, para unos 250 indigentes de Madrid. Llegábamos con tiempo para preparar el comedor. A la hora prevista había una Misa y después atendíamos aquella cena multitudinaria. Los señores y señoras que participaban venían con sus mejores galas. El ambiente era conmovedor. Venía siempre a mitad de la cena el cardenal de Madrid, don Antonio María Rouco, que iba pasando por todas las mesas y saludando uno por uno a todos los indigentes. Les daba una estampa y una medalla de la Virgen de la Almudena. Era impresionante. Se cantaban villancicos y al final de la cena dábamos a cada indigente un regalo de Navidad, una mochila, una manta, etc. Recuerdo en una de aquellas cenas un indigente que nos dijo que vivía en la calle y que vino a devolver la manta que le habíamos dado, porque ya tenía una manta y habría gente que podría necesitarla más… De aquellas cenas conservamos alguna foto muy buena.

Otra actividad puntual que comenzamos como en 2010 fue la colaboración con el Banco de Alimentos para recogida de comida. Lo que se llamaba ya entonces Operación Kilo. En grupos íbamos con un grupo de alumnos de Retamar al Carrefour cercano al Colegio un viernes por la tarde. Daban el aviso por megafonía y a la salida muchos iban entregando un paquete de comida no perecedera. Reuníamos una cantidad ingente de comida en muchos carritos en cada ocasión. Esto lo hacíamos al principio dos veces al año, como en noviembre y en mayo. Al principio venían alumnos sueltos a los que invitábamos y después el Colegio empezó a proponerlo en las clases como una actividad de voluntariado, lo que facilitó que se implicaran más alumnos como voluntarios, con lo que se podía decir que tomábamos materialmente ese Carrefour aquella tarde.

El Colegio fue impulsando cada vez más las actividades de solidaridad, a partir de la experiencia que se iba sacando, y cada vez le fue dando más importancia por el alto valor formativo que tenían. Así se organizó un plan en cada curso a través de los profesores encargados de curso, los tutores y los mismos secretarios de curso. Como consecuencia aumentaron las actividades y salieron publicaciones y nuevas actividades que también implicaban a padres de alumnos. También se fue dando más importancia a los campos de trabajo de verano, hasta llegar a lo que se hace hoy en el Colegio.

Voy a decir algo de esta tercera vía de acción social fijada en el programa de 2002: los campos trabajo de verano. Estas convivencias se venían haciendo ya desde muchos años atrás, pero ahora se trató de integrarlas en un programa de formación en la solidaridad. La idea era proponer cada año uno o varios campos de trabajo en España o en el extranjero, coordinados por los clubes de universitarios (Covarrubias, Ceah, Moncloa y Santillana). De esta manera cada verano solía salir un campo en el extranjero: en Polonia, en Guatemala, en México, en Rumanía, en Perú o en otro país; y alguno en España, por ejemplo, los que durante muchos años ha organizado el arquitecto José Sancho en Covarrubias, San Pedro de Arlanza, Santillana del Mar o en los Pirineos. Unos planes magníficos en los que participaba siempre un grupo de alumnos o de antiguos alumnos del Colegio. También estaban muy bien los campos de trabajo en el barrio del Braval en Barcelona. Ahí se atendía a hijos de emigrantes.

Yo pude participar en la organización de algunos de ellos, tanto en España como en el extranjero. Estuve en dos campos de trabajo en México y uno en San Pedro de Arlanza (provincia de Burgos). De cada uno tengo muchos recuerdos y anécdotas. Aquí recogeré sólo una: cuando estábamos en el avión en uno de los dos viajes a México se me acercó una de las azafatas para preguntarme de dónde venían esos chicos: no he visto unos chicos igual que éstos, tan educados, tan formales, tan agradecidos… De aquellos campos de trabajo a los que asistí tengo fotos y también algunos vídeos.

Campaña Navidad en 2007

D) VISITA AL COMEDOR DE INDIGENTES DE LA BEATA TERESA DE CALCUTA (2002-2012)
Una de las actividades que comenzamos a finales de 2002 fue la atención al comedor de indigentes que las Hermanas Misioneras de la Caridad tenían muy cerca de la Cuesta de la Vega en Madrid. Desde el principio la actividad se pensó para 1º y 2º de Bachillerato, por ser la más impactante de todas las propuestas. Los de 1º de Bachilerato iban los martes y los de 2º los miércoles. Desde marzo de 2003 se hizo cargo de la parte de 1º de Bachillerato Eduardo Campos, que entonces vivía en Neveros. Los primeros alumnos que participaron fueron Javier Paniagua, Ricardo de Rada, Víctor Sánchez de Vivar, Alonso Álvarez de Toledo, Álvaro Rodríguez L., Álvaro Núñez, Juan Barbeito y Javier Sánchez de Vivar, de 1º de Bachillerato. Y de 2º de Bachillerato Luis García Menacho, Alberto López Reimóndez y Álvaro de Pablo.

Salíamos el día previsto, martes o miércoles de forma regular, justo después de comer, en un coche. Al principio yo mismo me encargaba de organizar los chicos que iban a asistir, pero después fueron los tutores de cada una de las clases los que por turno iban designando a los que iban cada día. Los asistentes eran todos alumnos voluntarios, aunque la mayoría se ofrecía. Salíamos como a las 14:45 y regresábamos como a las 16:45, justo para coger las rutas de regreso.

Yo atendí esta actividad durante diez años, entre 2002 y 2012. Dejamos de hacerla cuando se cerró aquel comedor de indigentes porque se abría uno nuevo en Vallecas. El nuevo estaba tan lejos de Retamar, que no era fácil continuar con la actividad según el formato habitual.

Llegábamos al comedor como a las 15:30-15:45. Nos dedicábamos a preparar las mesas durante una hora, o a ayudar a preparar la comida; otras veces descargábamos cajas, ordenábamos el almacén, hacíamos limpieza, etc. No faltaba trabajo. Sobre las 5 entraban los señores indigentes. Organizábamos la entrada, para que cada uno ocupase su sitio. Cuando entraban, los platos ya estaban preparados en las mesas. Después de rezar con todos algunas oraciones dirigidas por la hermana superiora, les servíamos y atendíamos, repartíamos más cosas y más comida a los que querían repetir, que eran la mayoría. Estaban muertos de hambre. Sorprendía ver que algunos pudieran repetir tantas veces y comer tanto. Comían muy rápido, de tal manera que de 17:25 a 18:00 nos dedicábamos a limpiar todo y a dejar el comedor dispuesto para el día siguiente. Cuando terminábamos la faena ya no volvíamos a Retamar. Les solía dejar en Moncloa para coger el metro o el autobús de regreso a sus casas, o en otro lugar de camino.

En esta actividad participaban cada día cuatro alumnos. Intentábamos que no repitieran, para que así se beneficiaran cuantos más, mejor. A la ida les explicaba la actividad con detalle: era una auténtica charla de formación sobre la pobreza, el sufrimiento humano, el sentido de la solidaridad como fuente de humanidad y de felicidad… A la vuelta hacíamos feedback y cada uno contaba sus impresiones. Venían muy contentos, algunos incluso bastante impactados. No pocas veces alumnos me comentaban tiempo después que habían vuelto por su cuenta al comedor entre semana o en fin de semana para ayudar, o que habían empezado a ayudar en otras actividades de solidaridad. Realmente para todos era muy impactante entrar en contacto con aquel mundo de sufrimiento y abandono que es la indigencia que allí se veía con toda su crudeza. En el comedor solían comer cada día unos 130-160 indigentes, en un estado lastimoso en la mayoría de los casos. Nos sorprendía también que siempre había algunos bien vestidos, con traje. Durante algunos años una parte del comedor estaba reservada para los musulmanes, a los que se les daba comida especial sin carne de cerdo, pero después se dejó esta práctica. La mayoría de los indigentes agradecía de veras nuestra ayuda. Y no faltaban tampoco insultos, pero siempre eran ocasionales. No había niños. Sólo en dos ocasiones recuerdo haber visto niños, y en uno de ellos la policía no permitió que estuviera allí. A veces había incidentes, pero también muy ocasionales. Vimos detener alguno, incluso dentro del comedor. Casi siempre había un coche de policía en la puerta para evitar problemas. Pero todo esto formaba parte del escenario de trabajo. Nunca pasaba nada, pero todo era impresionante.

Las Hermanas de la Caridad ya contaban con los chicos de Retamar y esperaban nuestra visita con alegría. Varias veces la superiora de las hermanas me comento sobre los chicos de Retamar: ‘estos chicos trabajan muy bien…’. Y es que se entregaban con generosidad y disponibilidad a todas las tareas que cada jornada quisieran encomendarnos. De hecho cuando establecieron la norma que para ser voluntario había que tener la edad mínima de 18 años, con nosotros hacían una excepción sin problema.

Habitualmente sacaba una foto a los alumnos que participaban en la visita. Lo hacía cuando estaban preparando el comedor o fuera en la calle, pero nunca con los mendigos presentes. En las fotos tampoco aparecían nunca las hermanas, que no querían ningún tipo de publicidad sobre la labor que realizan.

Una anécdota bonita es que cuando iba a tener lugar la Beatificación de la Madre Teresa de Calcuta, el domingo 19 de octubre de 2003, las Hermanas no contaban con medios técnicos para ver por televisión tan importante evento, y muy especialmente para ellas, pues era la beatificación de su Fundadora y de la fundadora del comedor. Y con un grupo de chicos voluntarios se lo organizamos nosotros: una pantalla, un cañón y los medios técnicos necesarios en una sala permitieron aquella mañana de domingo que todas las Hermanas de la orden en Madrid y muchos ancianos e incluso mendigos pudieran emocionarse viendo a la nueva Beata Teresa de Calcuta subir a los altares.

Como siempre, los más beneficiados con nuestra ayuda éramos nosotros mismos. Entre otras muchas cosas, aprendíamos a valorar las cosas, viendo tanta necesidad. Y todo era una gran fuente de alegría. Recuerdo que varias veces las hermanas nos pidieron que llenáramos las jarras de agua hasta la mitad, para evitar que sobrara agua y que hubiera que tirarla después. Era preferible que hubiera que volver a llenar una jarra que tirar algo de agua.

A partir de 2012, cuando se cerró el comedor de indigentes el 19 de marzo, dejamos de ir regularmente. Nuestra última visita fue el 17 de marzo de aquel año. Ya por entonces en distintos cursos del Colegio se organizaban otras muchas actividades de solidaridad, por cursos: desayunos solidarios en los que participaban padres, visitas a hospitales y residencias de ancianos, etc. Cada curso organizaba sus actividades. También se llegó asumir las recogidas de alimentos como una actividad general del Colegio, donde ahora participan cientos de alumnos voluntarios. En su momento se nombraron delegados de solidaridad en las clases y se hicieron otras muchas cosas más, de las que otros pueden contar mucho más que yo.

Concluyo esta memoria destacando algo que siempre les decíamos a los chicos y que ha sido una verdad palpable: cuando uno dedica tiempo a atender, a llevar una sonrisa o a acompañar a personas desfavorecidas, el más beneficiado siempre es el propio voluntario. Con una sonrisa o una mirada de agradecimiento de aquellos que sufren, te sientes muy bien pagado. Siempre volvíamos muy contentos. Pienso que esa formación en la solidaridad y en pensar en los más desfavorecidos ha sido siempre un elemento más de la formación de los chicos de Retamar, y que hay esa semilla sembrada en sus corazones que ha debido fructificar de muchas y muy diversas maneras, que realmente sólo Dios lo sabe.

Aunque en la actualidad existe una importante demanda de actividades de voluntariado y solidaridad, en determinados colectivos de gente joven se observa una carencia de grandes valores de solidaridad cristiana hacia los problemas de la sociedad. Es habitual que los estudiantes hayan tenido contacto con la miseria y la pobreza a través de los medios de comunicación, mediante una visión trágica y en desfase con sus etapas de crecimiento emocional y racional. Esto les lleva a un acostumbramiento que termina en desconexión y falta de sensibilidad hacia estos problemas. Desde el comienzo de Retamar en 1966, se pretendió movilizar a todos los alumnos para que trabajaran a favor de los más necesitados, mediante programas de sensibilización y de actuaciones concretas de voluntariado.

La primera gran acción que se cometió, desde el comienzo, fue facilitar que personas sin recursos, con la ayuda de todos los que componían Retamar, pudieran acceder a los estudios que se impartían en el Colegio. De aquí la puesta en marcha de la Sección de Estudios Nocturnos y la impartición de estudios de Formación Profesional.

A la vez, secundando la iniciativa de la Iglesia Universal, se afianzaron desde el comienzo del Colegio tres grandes campañas, que se han mantenido de manera ininterrumpida en estos cincuenta años:
• La Campaña por el apoyo de la propagación de la fe, que se realiza en el mes de octubre.
• La Campaña de Navidad, realizada en el mes de diciembre.
• La Campaña por la lucha contra la pobreza, el hambre, la malnutrición, la enfermedad, la falta de instrucción, el subdesarrollo y contra sus causas, en el mes de febrero.

El mensaje para afrontarlas siempre ha sido el mismo: el objetivo prioritario de estas campañas no es una ayuda económica de los padres, que habitualmente la canalizarán a través de sus Parroquias, en las mismas fechas, secundando las campañas del Domund, Navidad y Manos Unidas, que anualmente se realizan. Lo que se solicita es que los alumnos concreten con sus padres, una ayuda económica que responda al recorte de algún gasto habitual y que suponga un pequeño sacrificio personal para ellos. Son ayudas que manifiestan la generosidad de los propios alumnos, afectándoles directamente. De aquí que lo prioritario sea la participación de todos los alumnos, y muy secundario la cantidad obtenida.

Se trata de inculcar en los jóvenes una responsabilidad respecto a las personas menos favorecidas, poniéndoles en contacto con los problemas de la sociedad en la que viven, y haciéndoles ver cómo con una pequeña contribución pueden colaborar en la ayuda de las personas necesitadas. De esta manera, los jóvenes pueden encauzar su interés por ayudar a los demás atendiendo diversas necesidades sociales.

Al comienzo, estas ayudas se ponían a disposición de las instituciones que coordinaban estos programas; pero desde hace diez años, se decidió que el sesenta y cinco por ciento de estas ayudas se orientaran a un área geográfica desfavorecida concreta, manteniéndola para los alumnos durante toda su estancia en el Colegio. De esta forma, la conocen en profundidad, analizan su situación, se dan cuenta y descubren sus necesidades; y, al fin, y establecen el modo de poder ayudar. Se incide en lo que constituye una auténtica ayuda, que da lugar siempre a un desarrollo acorde con sus peculiaridades y necesidades. Se intenta de esta manera que los alumnos se vayan implicando de manera gradual, conforme su edad. Esta constancia les enseñará a seguir objetivos, de manera que comprueben que el trabajo continuado da siempre resultados. No sólo aprenden a moverse por el sentimiento sino de manera racional y trascendente.

Después de años ayudando a esa área geográfica concreta, con proyectos concretos centrados en la propagación de la fe y en la lucha contra la pobreza, tienen la posibilidad, en el último año de Colegio, de afrontar in situ su última ayuda con un proyecto concreto en esa misma zona geográfica. Contemplarán dónde han ido sus ayudas, qué han supuesto y cómo una ayuda, en principio, pequeña supone tanto para esa población tan necesitada.

Las campañas de Navidad se centran en necesidades cercanas (si bien la caridad la tenemos que ejercer con todos, y en muchos casos con aquellos que están lejos y especialmente necesitados). Muy cerca de nosotros también nos encontramos con auténticos dramas, de los que no podemos desentendernos. De ahí la importancia de cubrir las necesidades básicas de familias especialmente necesitadas, a través de parroquias e instituciones que se centran en estos objetivos, llevándolos en persona y distribuyéndolos uno a uno. En este caso se enseña la conveniencia de afrontar estas necesidades por medio de instituciones que conozcan bien a los que se ayuda para evitar picarescas que en ocasiones se han dado.

Estas campañas sirven para explicar, tanto en el Colegio como en la familia, las tres vertientes que presentan, prestando una mayor atención en la formación de los alumnos a la auténtica y profunda solidaridad en la que los últimos Pontífices han insistido: Toda la actividad de la Iglesia es una expresión de un amor que busca el bien integral del ser humano: busca su evangelización mediante la Palabra y los Sacramentos, empresa tantas veces heroica en su realización histórica; y busca su promoción en los diversos ámbitos de la actividad humana. Por tanto, el amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres. Queremos que nuestros alumnos tengan un mayor protagonismo en el creciente e inexcusable sentido de solidaridad entre todos los pueblos sensibilizándose ante las situaciones que a diario aparecen en los medios de comunicación o que descubren a su alrededor.

Retamar, pendiente de la formación humana y cristiana de sus alumnos, incorporó una oferta de actividades -impulsadas por sus propios alumnos- como parte de la formación que se da en el Colegio. Aunque en un principio se venían realizando acciones formativas en este sentido, con el paso del tiempo se vio necesario establecer un plan orgánico e integral, que cubriera todos los cursos. Ese plan debería tener la flexibilidad suficiente que permitiera -a los alumnos que lo deseen- dar espacio a una mayor generosidad y dedicación.

Por ese motivo, Retamar intenta ofrecer a los alumnos del Colegio un completo plan de acción personalizado en la solidaridad, según sus deseos y posibilidades.

Se pueden participar en múltiples actividades sociales –siempre con la característica de la voluntariedad– y el plan alcanza un módulo informativo para los padres, quienes también se implican en las acciones de solidaridad en que participan sus hijos.

Los más pequeños, en Primaria, participan principalmente en campañas de sensibilización –que estimulan su generosidad–, que se centran en las tres campañas anuales. Asimismo, las Metas de Carácter ejercen un papel vital en este aspecto de la formación.

Desde 1º de ESO hasta 2º de Bachillerato se trabaja con un variado programa de actividades sociales, representativas de las principales situaciones con las que se puede encontrar un Voluntario fuera del colegio. Se puede participar, tanto en actividades ordinarias de iniciación, como en acciones de carácter ocasional. Ninguna de ellas exige asistencia regular ni un gran compromiso. Sólo aquellos alumnos que asistan a varias actividades extraordinarias se les plantearán actividades regulares que exigen un compromiso mayor.

En las actividades ordinarias de iniciación, el objetivo es que participe el mayor número de alumnos posible. Sirven para conocer estas actividades sociales, despertar en ellos el interés por los más necesitados y darse cuenta de lo privilegiados que son. Cada curso tiene asignada una actividad específica, graduada según la edad de los participantes. Está abierto a todos los alumnos del curso que voluntariamente deseen participar. La actividad es durante el horario escolar (intentando que la participación no obstaculice la marcha académica de los alumnos). Las actividades o visitas más constantes en estos años han sido:

• Residencia de la tercera edad Casablanca (El Plantio y La Sacedilla)
• Centro de día San Carlos (Pozuelo de Alarcón)
• Don Orione
• Fundación Gil Gayarre
• Centro de Día Laguna Madrid
• Colegio de educación especial del Hospital de San Rafael
• Residencia de ancianas La Atalaya
• Comedor de indigentes de la Beata Teresa de Calcuta

Las actividades extraordinarias son las que se ofertan a los alumnos que hayan participado en las actividades ya citadas y deseen realizar más acciones de solidaridad. Estas actividades son:

– Navidades en la calle
– Visita a los presos de una cárcel
– Ayuda regular en un comedor de indigentes
– Dar de comer a niños deficientes
– Festival en residencia de ancianas
– Festival en un hospital de niños
– Campaña de juguetes y alimentos por Reyes
– Acción de acompañamiento de enfermos y ancianos solitarios.
– Asistencia a enfermos en un hospital: distinta graduación de enfermedades.
– Acompañamiento de enfermos de sida
– Sacar a pasear a enfermos
– Atención a niños hijos de emigrantes o de gitanos
– Acondicionamiento material (pintura, lijado, colocación de mobiliario) de casas de acogida.
– Campañas de recogida de alimentos.

Como ya hemos dicho, también existen las actividades de solidaridad internacional, de las que hablaremos más adelante. Los alumnos que lo deseen pueden optar a participar en ellas.

Por último, también contamos como una constante de voluntariado en estos años con las actividades Padres-Hijos. En esta área se hallan:

Los desayunos solidarios. Consisten en el reparto –como voluntarios, un padre y su hijo– de café y bollería entre personas sin hogar. Más allá de una simple entrega de material, con esta actividad se pretende, tanto acompañar y acoger a las personas sin hogar, como al mismo tiempo sensibilizar a los padres y a los hijos de estas situaciones. En algunos casos, aprovechando el contacto que se adquiere con la persona sin hogar, se pueden repartir hojas con información de los lugares en los que pueden ser atendidos: albergues, comedores, asociaciones que trabajan por la integración de estos colectivos, etc.
El voluntariado familiar con niños con discapacidad, apoyado por la ONG DESARROLLO Y ASISTENCIA. Consiste en familias voluntarias de Retamar que dedican la mañana de dos sábados al trimestre para hacer salidas lúdico/culturales con niños discapacitados. Estos niños tienen discapacidades psíquicas y físicas, y su edad está comprendida entre los 5 y 11 años. A cada familia voluntaria se le asigna un niño/a, y los sábados elegidos lo llevan a la actividad preparada para ese día, donde se encuentran con el resto del grupo de familias voluntarias. La actividad puede consistir en una visita a un museo, a un parque, a una bolera, a una pequeña excursión, etc. Con esta labor se consigue un triple objetivo: las familias ganan en sensibilidad social; los niños con discapacidad reciben un impagable estímulo que favorece su desarrollo, y sus propias familias disponen de un momento de “respiro familiar”, necesaria en el extenuante cuidado de estos niños.

Para que pueda llegar toda esta gran labor a las familias de Retamar, mensualmente se publica un Retamatch Solidario. Cada mes lo elabora y coordina un curso distinto, de 5º de Primaria a 2º de Bachillerato, haciendo referencia a las actividades y acciones que han desarrollado a lo largo del curso académico.

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