Historia e Instrumentos

LA PRIMERA SEMANA DE CLASE EN RETAMAR

De breves anotaciones que hicieron los profesores que empezaron Retamar, podemos hoy, cincuenta años después, pormenorizar el desarrollo de aquellos días en los que todo era, igual que ahora, ilusión y ganas de hacer las cosas bien y confianza en Dios.


DÍA 9 DE OCTUBRE, DOMINGO

El día de hoy nos ha demostrado la auténtica expectación que existe por parte de padres y alumnos en relación con mañana lunes, primer día de clase. Ha sido casi continua la visita de ellos a Retamar, mientras los profesores colocábamos las mesas en sus respectivas aulas. A última hora hemos dado los últimos toques a los preparativos y se ha confeccionado el horario de mañana.

Pocas horas quedan para que estas paredes y suelos cobren la vida que les pertenece.

DÍA 10 DE OCTUBRE, LUNES

¡Hoy se ha alumbrado Retamar!
A las 9:10 el primer autobús ha transitado por la carretera frontera a estos edificios y, pocos minutos después, los primeros chicos con el uniforme del colegio han plantado sus pies en Retamar recién estrenado. Sucesivamente han ido llenando el «porche de descansos» los del segundo y tercer autocar.
Entretanto, han llegado Philip Müller, Manolo López de la Nieta, Paco García-Priego y Pablo Oliver y todos los profesores reunidos con Eduardo G., que es el director técnico, hemos recibido las primeras instrucciones. Pablo Oliver se hizo cargo de Segundo de Bachillerato, Pedro M. de Primero, Miguel Angel H., de Ingreso, Philip M. y José Antonio V. de Preparatoria, Paco García-Pliego de Elemental B y Augusto F. y Manolo López de la Nieta de Elemental A. Seis clases en total.

Una vez en sus respectivas aulas (los chicos al entrar dejaban oír el murmullo: «¡Qué bonito!») se les explicó lo que iban a hacer hasta las 12:30: Asamblea con el Director y elección de Capitanes de equipos. Los cursos primero y segundo se reunieron en primer lugar con Luis R. en Asamblea. Él les explicó con preguntas continuas el nombre del colegio, sus componentes (hubo uno que respondió: «¡El Opus Dei!») y las primeras Metas de Carácter a conseguir. Los chicos con una gran soltura y espontaneidad respondían a las distintas cuestiones, como si fuesen ya viejos en el colegio. Luego pasaron los de Ingreso y Preparatoria y, por último, las dos Elementales. A continuación tuvo lugar la elección de Capitanes: seis por primero-segundo, seis por ingreso-preparatoria y seis por las dos clases de elemental. Con un pequeño descanso, en el que uno de primero se hizo el primer «chichón» de la historia de Retamar, y la lenta distribución de los chicos en sus respectivos autobuses concluyó el primer día de Retamar: se van a comer a casa.

Como contraste a todo lo expuesto, la madre de un alumno comentaba: «Se nota que el colegio funciona bien y tiene adecuada organización. Me han llegado varias cartas con los itinerarios de autobuses, los libros, las prendas del uniforme, etc. ¡Así, da gusto!»
Cuando ya los autobuses se habían perdido de vista todos los profesores comentábamos entusiasmados el éxito de estas primeras horas de la vida de Retamar.

DÍA 11 DE OCTUBRE, MARTES

El segundo día de curso ha sido de organización de asignaturas y lecciones introductorias en las pocas clases que ha habido hasta el mediodía. Durante toda esta semana y hasta tanto que los comedores no estén en condiciones, los alumnos se marcharán a sus casas al final de la mañana, por lo que Retamar estará solo a medio rendimiento. Ingreso ya se perfila como el curso más revoltoso y uno de sus componentes, a la pregunta de Manolo D-P sobre qué significaba Mesopotamia respondió: «¡mesón de hipopótamos!», entre las carcajadas del auditorio.

Segundo probablemente se dividirá por su elevado número de alumnos: treinta y ocho. Los de Primero parecen los más formales y tranquilos. Entre los de Preparatoria sobresale Juan Carlos C. por su simpatía personal. Por último, los pequeños de los dos Elementales todavía se hallan sobrecogidos por Retamar, pero ya se soltarán.

DÍA 12 DE OCTUBRE, MIÉRCOLES. VIRGEN DEL PILAR.

¡Primera fiesta del curso en Retamar! Creo que a todos nos ha extrañado el no ver aparecer los tres autobuses cargados de críos. Hoy también ha habido revisión y puesta a punto de muchas cosas (itinerarios de autobuses, horarios, listas,…) gracias a las experiencias de estos primeros días. Ha sido una jornada de primera estabilización.

Desde hoy ya tenemos agua con todo lo que eso significa, aunque de modo intermitente, por proceder de un pozo cercano que necesita una bomba de presión.

DÍA 13 DE OCTUBRE, JUEVES.

Hoy todos han subido directamente a clase sin pasar por el porche de descansos. Miguelo viene más charlatán y travieso que nunca. En la clase de Lengua los de Ingreso y Primero han hecho respectivamente un dictado. ¡Qué cantidad de faltas de ortografía! Veremos cómo se corrigen.

Por la tarde estuvo con nosotros Alfonso Vidal, amigo de alguno de nosotros. Nos trajo de Madrid unas estupendas lonchas de jamón serrano que, con unos pasteles que teníamos comprados, festejamos el santo de Eduardo G. Le contamos toda clase de anécdotas y pasamos unas horas de sabrosa tertulia con él.

Hoy se ha incorporado un nuevo profesor, Luis Sandoval, que será el médico del colegio.

DÍA 14 DE OCTUBRE, VIERNES.

En la clase de Lengua, los de Primero e Ingreso han corregido los dictados del otro día. Poco a poco se irán fijando en las faltas de ortografía y superándolas.

José Antonio V. en su clase de Lengua con los de Segundo utiliza pequeños letreros, que los chicos hacen con su nombre puesto y dejan encima de la mesa, para conocer a cada uno fácilmente. Esto da al aula un aire de congreso muy atrayente.
Por la tarde casi todos estuvimos en Madrid haciendo gestiones, de las que pueden salir: máquinas de escribir, multicopista, armarios de clase, pizarras, etc.

DÍA 15 DE OCTUBRE, SÁBADO.

Cuando escribo estas letras, han terminado las clases del día y ya ha transcurrido la primera semana de vida de Retamar. El lunes próximo funcionará a pleno rendimiento, pues los chicos ya estarán aquí hasta las cinco de la tarde.
Hoy se ha celebrado la primera Junta de Profesores con la asistencia de todo el claustro. Luis R. expuso su cometido, periodicidad, etc. También hoy han podido confesarse, por primera vez en el Colegio, los alumnos que lo han deseado.

Un campo de cebada

Como los árboles de buena madera, Retamar ha crecido poco a poco al tiempo que surgían nuevos edificios; ese desarrollo, lento pero continuo, ha sido posible con la ayuda generosa de muchos padres conscientes del trabajo de futuro que se estaba iniciando con sus hijos.


El terreno elegido en 1964 para la construcción de nuestro colegio estaba ubicado en el mapa topográfico del municipio de Pozuelo de Alarcón en una zona denominada RETAMARES –por las retamas que había en esta zona– y que dio nombre al nuevo colegio. No había casas cercanas, no había árboles, no había autovías, ni metro, ni alcantarillado. La urbanización Somosaguas estaba en ciernes.

El terreno elegido era un campo de cereales rodeado de zonas sin cultivar en las que abundaban las retamas.

José Antonio Galera (hoy día sacerdote), abogado, intervino en la operación de compra, y alguna vez ha comentado que se pagó con un talón por importe de 2 millones de pesetas.

¡Qué buena intuición tuvieron quienes decidieron este terreno en esta zona! Hoy día sería imposible encontrar un sitio parecido, bien comunicado y relativamente cerca de Madrid y de su zona de crecimiento hacia el oeste.

Desde Retamar cuando no había árboles se dominaba todo Madrid. De modo insólito –quizá el único de España– en la terraza del primer edificio de aulas el Instituto Geográfico y Topográfico de España instaló en los primeros años un punto geodésico, que aún hoy se mantiene.

Unos 10 años más tarde se amplió con la compra de otros 10.000 (metros cuadrados) para mejorar sus instalaciones deportivas.

El estudio de arquitectura de César Ortiz de Echagüe –premio Reynolds de arquitectura– y Rafael Echaide fue el elegido para construir el edificio central, que albergaba además de tres pisos con aulas los servicios imprescindibles para el funcionamiento del Colegio: comedores, cocinas, vestuarios de alumnos, y sus porches correspondientes. Con este edificio, los primeros meses aún en obras, unas primeras instalaciones deportivas colindantes con la calle Pajares y un incipiente jardín, comenzó Retamar, sobriamente, su andadura académica el 10 de octubre de 1966. Y con tan sólo 120 alumnos, repartidos desde Preelemental a 2º de Bachillerato (equivalente al 6º de Primaria actual).

Comedores y Edificio Central
Comedores y Edificio Central

Como los árboles de buena madera, Retamar ha crecido poco a poco al tiempo que surgían nuevos edificios; ese desarrollo, lento pero continuo, ha sido posible con la ayuda generosa de muchos padres conscientes del trabajo de futuro que se estaba iniciando con sus hijos.

Las enseñanzas de San Josemaría han inspirado el proyecto educativo y, de alguna manera, también el constructivo: empezar con lo que se tiene y luchar por crecer, confiados siempre en la ayuda de la Providencia.

A comienzos de los 70, Retamar se aproximaba a los mil alumnos y eso obligaba a construir nuevos edificios de aulas, junto con la piscina cubierta y una pista de atletismo de ceniza, con su graderío, que es el actual. El estudio de arquitectura de José Alberto Cagigal se encargó de estos proyectos junto con el edificio del centro de formación de profesores.

En 1984 se construyó el primer edificio de modo exclusivo para el oratorio con una capacidad de 200 personas, y en el semisótano un salón de actos para 225 personas. Durante dieciocho años habíamos utilizado como oratorio el aula en escalera de la planta baja del edificio central y como salón de actos parte de los comedores.

Primer Oratorio
Primer Oratorio

2º EGB
Segundo Oratorio

También se mejoraron las instalaciones deportivas en el entorno del estadio, la construcción de dos campos de vóley y varias pistas polideportivas. Es ya en 1996 cuando se crean los dos pistas de tenis del fondo, sustituyendo a las de voleibol, y se las dota de iluminación eléctrica

Pero la demanda de nuevos alumnos para Retamar no dejaba de crecer y eso llevó a acometer el plan denominado Acción 2000 en el que participaron muchos padres, profesores y un número elevado de antiguos alumnos: nuevas instalaciones de la secretaría, despachos de dirección, nuevos laboratorios de física y química, y más aulas, algunas de ellas para informática, que pegaba ya con mucha fuerza en los planes académicos.

El grueso de este proyecto, el edificio de aulas comenzó su construcción en 1996-1997 e incluía además, el vestíbulo de entrada al Colegio con la nueva recepción y salitas para hablar con los padres. Estas obras fueron ejecutadas por el estudio de arquitectura de Jaime Castañón.

La culminación de esta fase fue la construcción del Pabellón Polideportivo Cubierto, encargado al estudio de arquitectura de Enrique Hermoso. Fueron dos años de seguir su edificación, paso a paso, con un momento estelar, la colocación de las vigas de madera que sostienen toda la cubierta.

El primer evento importante en este pabellón de deportes fue la celebración de la Santa Misa con motivo del Primer aniversario de la canonización de San Josemaría, el 6 de octubre de 2003. Y el 2 de septiembre de 2004 hubo un encuentro inolvidable en este pabellón con el Prelado del Opus Dei, al que asistieron más de 5.000 personas.

La culminación de este periodo fue rehacer las instalaciones deportivas del estadio poniendo césped artificial en los campos de fútbol y una nueva pista de atletismo con materiales más modernos, sustituyendo a la antigua pista de ceniza.

Llegamos a 2010; Retamar acoge ya algo más de dos mil alumnos. El edificio del oratorio y salón de actos construido en 1984 ha quedado muy pequeño. San Josemaría siempre comentaba que “la mejor habitación de la casa ha de ser para el Señor”. Que se podría traducir en nuestro caso: el mejor edificio para el Señor.

La respuesta de Retamar fue rápida y decidida: haremos primero una ermita –el octavo edificio de Retamar– para no dejar de tener el Santísimo durante la duración de las obras y después acometeremos las obras del nuevo oratorio. Con su construcción se quería también facilitar que la primera visita que hiciesen los alumnos, padres y profesores que llegasen desde el nuevo aparcamiento situado en los terrenos de atrás del Colegio, fuese para saludar al Señor en el sagrario.

Se pidió permiso al Sr. Arzobispo de Madrid para poder tener de modo excepcional el Santísimo Sacramento en dos lugares, una vez que se acabase el nuevo edificio del oratorio. Permiso que fue concedido a Retamar. Un privilegio que nos permite tener más fácil acudir en cada momento –padres, profesores y alumnos– a rezar al Señor Sacramentado. Y a nuestra Madre del Cielo.

La Ermita de Retamar
La Ermita de Retamar

Se construyó la ermita a lo largo de 2009 y 2010 y también fue obra del arquitecto Enrique Hermoso.

Como retablo se mantuvo el que había en el oratorio antiguo, con la Virgen que enseña a leer al Niño de pié a su lado, San José en su taller y el Ángel de la Guarda acompañando a un muchacho. Un equipo de expertos de marmolistas tuvo que desmontarlo pieza a pieza y volverlo a reconstruir en su nuevo emplazamiento.

En la fachada exterior, de ladrillo, se colocó el Ángel custodio de Retamar al tiempo que se invocaba su ayuda para todos los que pasen por el Colegio a lo largo de los años.

El 14 de septiembre de 2010, se celebró en ella por primera vez la Santa Misa, justo la tarde anterior al comienzo de las clases del curso académico 2010/2011.

Sin solución de continuidad se acometió el proyecto del oratorio y el salón de actos, proyecto ambicioso y nada fácil: una iglesia grande, una arquitectura de conceptos modernos con materiales de cierta originalidad que se integrasen con los demás edificios del Colegio, y como resultado, un espacio muy piadoso, en el que, a pesar de sus dimensiones, se rezase a gusto, como hubiera sugerido San Josemaría.

Se puso en marcha un equipo de trabajo con el mismo estudio de arquitectura que para la ermita y además para retablos e imágenes, Talleres de Arte Granda.

Respecto al Salón de actos, se trataba de duplicar la capacidad del anterior: pasar de 225 a 423 plazas para facilitar las reuniones de padres sin que nadie tuviese que estar de pié, y facilitar también la multiplicidad de actividades culturales. En septiembre de 2012, comenzó la construcción del nuevo edificio

El resultado arquitectónico conseguido ha sido excelente y ha cumplido perfectamente las exigencias iniciales de Retamar. Formas asimétricas en perfecta armonía y equilibrio, originando un ambiente acogedor que centra su punto de mira en el retablo y especialmente en el sagrario centro del retablo.

Retablo del Oratorio de Retamar
Retablo del Oratorio de Retamar

En las catedrales era la línea recta la que conducía de la puerta principal al retablo. Aquí es la disminución de espacios frontal y hacia la izquierda y la expansión del espacio hacia la derecha quien marca la dirección de retablo. También lo marca la luz de los 4 lucernarios cenitales

Oratorio de Retamar
Oratorio de Retamar

Un retablo donde todo está en movimiento, nadie inactivo: la Sagrada Familia camina por un camino de Galilea y de alguna manera nos invitan a andar con ellos en el camino de nuestra vida; Dios Padre nos quiere abrazar y alarga su brazo izquierdo hacia nosotros con una expresión de felicidad; el Espíritu Santo –la paloma– eleva sus alas en forma de uve con el deseo de posarse en cada uno de nosotros; la escena del Mar de Galilea, la pesca milagrosa, en la que el Señor fija su mirada en el trabajo de sus discípulos y lo bendice nos recuerda que Dios cuenta con cada uno de nosotros para ser pescadores de hombres, apóstoles de apóstoles solía decir San Josemaría, para hacernos ver nuestra responsabilidad para mejorar de verdad este mundo. En esta escena está representada la santificación del trabajo y la llamada al apostolado a todos los cristianos en el trabajo.

Y en el centro de todo el sagrario –centro de todo centro– para charlar cada día con Jesús. Realizado con ágata en los laterales, y de frente mármol rosa y ónix, para enmarcar el frontal dorado a fuego: la coronación de Nuestra Señora como Reina de los Cielos.

La trilogía de la pureza: la piedra blanca que aparece en tres sitios no es mármol ni granito, es piedra intensamente blanca de Las Dolomitas y expresa: la pureza de la palabra de Dios en el ambón, la pureza de la Eucaristía en el Sagrario y la pureza del sacrificio de Cristo en el altar. Además esta piedra blanca expresa también en la parte inferior del altar una forma de barca: la barca en la que estamos: la barca de la Iglesia, en paralelismo con la barca del Mar de Galilea: la barca de Jesús.

Enseña San Josemaría que si nos enamoramos de Jesús, José y María –que le gustaba denominar la Trinidad de la Tierra– nos acabaremos enamorando también de la Trinidad del Cielo: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo

Lógicamente no podía faltar en el presbiterio San Josémaría pues es quien ha cimentado con su honda labor apostólica la existencia de Retamar; su presencia en el grupo escultórico es activa: habla a los alumnos de Retamar junto a sus padres; tres chicos que representan las tres etapas educativas: Primaria –el pequeñín, desde el suelo que mira hacia arriba–, Secundaria el que está de pié y Bachillerato el que está sentado.

La vidriera lateral, en tonos azules –espiritualidad– y transparentes: para hacernos ver que nuestro misión no acaba en el templo y nuestra oración ha de transformar la calle –la gente que nos espera– y finalmente acaba en el cielo azul que se contempla desde dentro en los días de sol. Esta vidriera enmarca las palabras de Jesús en el Evangelio de San Mateo: “cuando dos o tres os reunáis en mi nombre yo estaré en medio de vosotros”, y está en tres idiomas: arameo (sólo se ve desde fuera del templo) idioma en que pronunció el Señor esta frase; griego, idioma en que se escribieron los evangelios; y latín, idioma oficial de la iglesia.

El día 8 de septiembre de 2014 se consagró el recinto y los altares y se celebró la primera Misa Solemne.

Miguel Ortuño Marín
Se incorporó a Retamar en 1995. Actualmente es gerente de Retamar.

Prólogo

El 10 de octubre de 1966 abría sus puertas en Pozuelo de Alarcón, una población cercana a Madrid, un pequeño colegio que iba a ser singular por muchos motivos. Su nombre, Retamar, lugar de retamas, cuya imagen se recogería en el escudo del colegio, se corresponde con el de este arbusto tan abundante en los terrenos de la entonces incipiente urbanización de Somosaguas en el extrarradio de Madrid.


En lo que hace referencia al escudo de Retamar, contamos con el testimonio de Salvador Bernal: “No me considero autor de la idea, pero sí del encargo a una persona ya fallecida, Valentín Frutos Garrido, delineante, que vivía en la calle Luchana, esquina quizá –me parece recordar con Francisco de Rojas–. Traspasó a un espléndido dibujo la idea de hacer algo sencillo, con la retama y el símbolo local predominante: en aquel momento, Castilla, pues nadie podía imaginar entonces que Madrid llegaría a ser una comunidad autónoma dentro del Estado español” (Salvador Bernal).

Este artículo quiere ser una crónica familiar sobre los cincuenta años de Historia de Retamar. En él aparecerán los nombres de personas, se relatarán hechos relevantes en el acontecer diario, y se recogerán datos de los diversos aspectos de la vida del Colegio. Pero, por su misma naturaleza, es un relato limitado e irremediablemente existirán omisiones, siempre presentes para la posteridad…

En este prólogo quisiéramos recalcar tres consideraciones que fundamentan el pensamiento en cada uno de los capítulos del artículo:

En primer lugar, el papel decisivo de San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, en el proyecto educativo del Colegio: adquisición de las necesarias virtudes humanas, potenciación de las capacidades intelectuales y desarrollo de una fe viva y operativa, cimentada en una sólida vida de piedad. Retamar nació y se puso en marcha siguiendo el “modelo educativo de Gaztelueta”, primera obra de apostolado corporativo de enseñanza media del Opus Dei, que se pone en marcha por deseo expreso de San Josemaría Escrivá de Balaguer.

En segundo lugar, la ejemplaridad de las personas, padres y profesores, que desde los primeros días de andadura del colegio asumieron con empeño personal el ideario de este centro educativo y lo pusieron en marcha con su entrega y prestigio profesional y ayudaron a otros, que vinieron después, a hacer realidad la apasionante tarea de formar “grandes hombres, grandes sabios y grandes santos”

En tercer lugar, es de justicia manifestar el agradecimiento a tantas personas, padres, profesores, alumnos, empleados…, anónimas en este escrito, pero incorporadas para siempre a la historia de Retamar por su buen hacer.

 

Retamar. Los comienzos. Un poco de Historia

La puesta en marcha

El Colegio Retamar inició su andadura en octubre de 1966, siguiendo el modelo educativo Gaztelueta.

Sus instalaciones están ubicadas en la urbanización Somosaguas, perteneciente al municipio madrileño de Pozuelo de Alarcón y relativamente cerca de barrios populares como Campamento y Aluche entre otros.

Desde 1963 un grupo de padres de familia, preocupados por la formación de sus hijos, empiezan a buscar soluciones a esta importante cuestión. Entran en contacto con el Colegio Gaztelueta de Las Arenas (Vizcaya)  y con otros padres de familia que promovieron el Colegio Viaró en Barcelona, y se proponen la creación en Madrid de un colegio cuya labor educativa reúna las características de los dos colegios citados. En enero de 1963 estos padres solicitan un informe a Gaztelueta para estudiar el planteamiento inicial del proyecto.

La planificación de los edificios contó con el asesoramiento de Gaztelueta. Como recoge Ramón Pomar en la tesis doctoral citada, se mandaron a Madrid orientaciones escritas y diapositivas, así como ciertas sugerencias sobre el “pabellón central”. Hay que tener en cuenta que el sistema educativo Gaztelueta reclamaba unas exigencias arquitectónicas que convenía prever desde el principio. Rafael Echaide, uno de los Primeros arquitectos del colegio, visitó también diversos colegios ingleses y suizos.

De Gaztelueta había llegado, a Retamar, entre otras, esta idea: el colegio debería abrir sus aulas a un amplio espectro social. La Sección de Estudios de Tarde de Retamar, hizo pronto posible realizar este ideal: escolarizar a muchachos procedentes de familias que no podían pagar las cuotas necesarias para cubrir los costos del centro. La cercanía de los mencionados barrios hacia que el emplazamiento fuese óptimo.

En el Archivo Histórico de Gaztelueta están archivados algunos documentos que nos permiten reconstruir algunos de esos contactos mantenidos entre los profesores de Gaztelueta y el Grupo Promotor de Retamar. El más antiguo lleva fecha de 9 de enero de 1963; se trata de la solicitud de un informe para «estudiar el planteamiento inicial» del proyectado colegio, que debería comenzar a funcionar «en un plazo relativamente breve»

Al aproximarse la fecha de la inauguración de Retamar, las cuestiones arquitectónicas fueron cediendo protagonismo en favor de las pedagógicas. El asesoramiento solicitado a los directores de Gaztelueta cobró nuevos matices.

En julio de 1964 se refundieron –tal como ya se ha dicho– las experiencias pedagógicas del colegio de Lejona, Praxis, que también fue remitida a Madrid.

Antes de comenzar el primer curso, Retamar organizó un curso previo de profesores, basado en la mencionada Praxis de Gaztelueta. Aunque aquel primer equipo contaba con algunos valiosos Licenciados en Pedagogía que habían estudiado en la capital de España, a todos «les resultaba novedoso y muy atractivo todo la referente a la participación de los alumnos en la vida del colegio a través de los equipos, elecciones de capitanes, encargos, etc»

Profesores años 70 (1)

La continuidad de planteamientos fue posible también gracias a la presencia, en el primer equipo docente de Retamar, de algunos profesores procedentes de Gaztelueta. Es el caso de Eduardo Gutiérrez Marín y de José Antonio Longobardo; y más tarde, el de Juan Antonio García Novo y de Francisco Monzó Romualdo.

Eduardo Gutiérrez había trabajado tres años en Gaztelueta (1962-1965). Aprendió entonces técnicas pedagógicas de José Alzuet, Lisardo Casado y Oliveros F. Otero. Se incorporó a Retamar en calidad de Director Técnico.

José Antonio Longobardo, como profesor de dibujo y artes plásticas, podría considerarse discípulo de José Alzuet. Contribuyó eficazmente a transmitir lo que había vivido en Gaztelueta, todo ese modo especial de actuar «frente y junto con» los alumnos.

La figura de Francisco Monzó está muy vinculada al nacimiento y desarrollo de la Sección de «Estudios de Tarde» de Retamar; y, cómo no, con las «actividades».

Estas experiencias tienen un gran interés: son un ejemplo más de cómo puede asimilarse un modelo pedagógico más allá de la repetición, introduciendo las oportunas variaciones en cada momento. En efecto, junto a elementos originales, encontramos otros experimentados anteriormente en Gaztelueta: «asambleas». «preceptores», «encargos», «secciones», «departamentos», etc. Se adoptó también en Retamar el Informe tal como había sido concebido en Gaztelueta: atención a la formación del carácter (compañerismo, disciplina, cuidado del uniforme, cuidado del material, deportividad, puntualidad). ….

Manuel Marqués presidió el primer patronato (Eduardo Jáudenes, Francisco Lacalle, Ángel Pinacho y otros fueron pioneros colaboradores…) con sede en su oficina de la Equitativa Madrileña, calle Marqués de Riscal 2,  desde 1966 a 1973, según testimonio de Ignacio López-Jurado Escribano. Luego pasó a una oficina de Luis Corral en la calle Princesa, siendo la secretaria del Patronato María Rosa Martínez. Posteriormente se trasladó la sede a la calle Corazón de María. Crescente Vergara fue presidente durante esta etapa y le sucedió Javier Prado, momento en que las «oficinas» del Patronato se trasladaron definitivamente a Retamar.

También Salvador Bernal hace referencia a los protagonistas de estos primeros pasos: … mi colaboración fue pequeña y corta: desde octubre de 1965 hasta el verano del año siguiente…. El peso recaía en el grupo promotor, que dirigía Manolo Marqués, Eduardo Jáudenes y Paco Lacalle ya fallecidos.  En la oficina de Manolo (La Equitativa de Madrid, en la calle Marqués de Riscal) nos reuníamos los lunes por la tarde. Cada uno de los tres tenía a su lado a ocho o nueve personas y se responsabilizaban de la marcha de las gestiones que se iban haciendo, repasando para animar, sugerir, etc.

Patronato 1971-72

Las obras de construcción habían comenzado ya. Me parece recordar que las llevaba el estudio de César Ortiz-Echagüe y Rafael Echaide (también fallecido) en la calle Princesa, cerca ya de Moncloa…

Mi exigua tarea consistía en servir de “enlace” con el Patronato, estar atento a la construcción del edificio inicial (acudía a la “visita de obras” los martes: buenos resfriados pesqué, con los vientos que atravesaban la estructura), y hacer gestiones concretas con futuros profesores y apoyar otras con posibles padres. Aparte de acompañar a alguno menos experto para explicar el proyecto, montamos algunas sesiones públicas en el salón de actos del Colegio Mayor Moncloa, con proyección de diapositivas de Gaztelueta y Viaró (eran los “modelos” de cómo sería Retamar).

Pero a final de ese “curso”, dejé Retamar en manos del entonces director de Belagua, que se trasladó con este fin a Madrid….Dejo por escrito un breve recuerdo de los comienzos de Retamar«.

 

El proyecto educativo

En el folleto editado en 1966 para promocionar el centro se pueden apreciar los aspectos más importantes del «modelo educativo Gaztelueta»:

«La labor educativa que Retamar se propondrá como meta, será conseguir el pleno desarrollo de la persona­lidad humana de los alumnos, mediante una profunda for­mación de los aspectos intelectual, doctrinal religioso, artístico y físico-deportivo. Proporcionarles un ambien­te de lealtad y sinceridad, de espíritu de generosidad y colaboración con los demás. Crear a su alrededor un clima en el que, junto a los hábitos fundamentales de trabajo y disciplina –puntualidad, orden, cuidado del material de trabajo, aseo personal, etc.–, esté presente de modo natural un espíritu de libertad que sirva de base a un serio sentido de responsabilidad. El modo de proceder de los alumnos ha de ser consecuencia de con­vicciones arraigadas y libremente queridas».

Y junto a los fines para orientar el quehacer educativo, los medios. A título de ejemplo se recogen en el citado folleto:

“La limitación del número de alumnos en cada clase”.

“La compenetración de las familias y del colegio en la misma tarea educativa, mediante un frecuente y sincero trato de los padres con los profesores de sus hijos”.

“La atención directa que se prestará a cada alumno en relación con su vida en el colegio; se procurará que exista una leal amistad entre los profesores y los alumnos, y, por otra parte, cada profesor tendrá enco­mendada de forma especial la formación de un grupo muy reducido».

En cuanto a la formación espiritual, intelectual, física y de la personalidad, las referencias del citado folleto también se basan en este modelo:

“La dirección espiritual de Retamar tenderá a lograr que todos los alumnos adquieran una vida de piedad sólida. A lo largo de su estancia en el Colegio, se les educará en la libertad de los hijos de Dios. Al mismo tiempo, recibirán gradualmente una formación doctrinal que les permita actuar con criterio seguro en las diversas circunstancias de la vida».

«En el plan de estudios, Retamar se propone desa­rrollar en sus alumnos, mediante un adecuado ejercicio de sus facultades, los hábitos de observación, compren­sión y memoria, así como lograr una correcta expresión oral y escrita. Se ejercitarán los idiomas desde los primeros cursos. La enseñanza será activa y realista: debates, laboratorios, visitas de estudio, etc.»

«Pretende enseñar a vivir las virtudes humanas y sociales, propias de los diferentes deportes: labor de equipo, dominio de sí mismo, ejercicio del mando, buen espíritu, que lleva a saber ganar y saber perder en todas las circunstancias de la vida. Contará para ello el Colegio con el profesorado necesario y las instala­ciones adecuadas, y se destinará a la práctica de los diferentes deportes un tiempo diario dentro del horario normal”.

«Al mismo tiempo se educará la sensibilidad de expresión estética, despertando y encauzando las aficio­nes, gustos y capacidad de cada personalidad».

«Serán organizadas actividades diversas, dirigidas especialmente a crear una amplia esfera de intereses, y a enriquecer con experiencias concretas la personalidad de cada alumno«.

En el Archivo Histórico de Retamar disponemos de miles de documentos, mecanografiados, escritos a mano, en soporte informático, publicaciones, audios y vídeos….que permiten una reconstrucción de los hechos extraordinariamente fiel. También son abundantes los testimonios escritos de protagonistas, padres, profesores y antiguos alumnos que permiten reconstruir la Historia de estos cincuenta años. Y en el diario de Retamar se recogen muchas noticias sobre la puesta en marcha del Colegio y los primeros días de clase en octubre de 1966.

Antonio Díaz Argüelles
Profesor de Retamar desde 1972 y directivo del Colegio hasta su jubilación en 2012.

Los primeros días

Las clases empezaron un lunes, día 10 de octubre, pero los profesores que íbamos a llevar la dirección del Colegio y alguno más, nos fuimos a “vivir” allí el domingo, 2 de octubre de 1966….. Fuimos llegando a lo largo de la tarde, dispuestos a dormir ya esa noche en las aulas y despachos del último piso, cuarto piso, del edificio “central”.


Nos habían dicho que hacia las seis de la tarde nos traerían las camas, colchones, mantas, sábanas etc. para poder dormir y empezar ya a “vivir” en el colegio.

Empezó a anochecer, y a llover, y no aparecía la camioneta que nos debía traer los enseres imprescindibles para dormir esa primera noche. Por fin llegó la camioneta, hacia las ocho de la noche. Se habían perdido, no encontraban el tal colegio Retamar, en un, entonces descampado, de la incipiente urbanización de Somosaguas. Pero llegaron. Les ayudamos a descargar, y subimos las cosas (camas, colchones, etc.) al cuarto piso del único edificio entonces construido, el que después sería el pomposo edificio central.

Retamar primer día
Retamar primer día

Nos fuimos a cenar a Pozuelo de Alarcón. Volvimos para tener una pequeña tertulia, en la que apareció Juan Morillo, el guarda de las obras. Estábamos presente que yo recuerde: Luis Rodríguez (Director), Eduardo Gutiérrez (Subdirector), Manolo Díaz Pinés (Secretario), José Antonio Valenzuela, Pedro Muro y Augusto Fdez de la Reguera.

La semana del 3 al 10 de octubre, día en que empezaron las clases, nos dedicamos a las cosas más variadas, que no sabría enumerar. Por las mañanas íbamos a Misa a la parroquia de Pozuelo en un coche Seat 850 que le habían regalado, sus padres, al Director. Los desayunos, comidas y cenas las hacíamos, también en Pozuelo, en un bar-restaurante junto a la estación del tren. Me parece que se llamaba el Bar Norte.

Además de los que vivíamos en el colegio, formaban parte del primer equipo de profesores Phillip Müller, Paco García Priego, Pablo Oliver, Miguel Ángel H., Manuel Sánchez de la Nieta y Jaime Mascaró. A algunos de ellos –Paco, Manuel y Jaime– los había conocido Manolo Díaz Pinés. El 29 de noviembre se incorporaría José Antonio Longobardo, procedente de Gaztelueta y Luis Sandoval el 13 de octubre.
Además había tres empleados: Aurelio Lozano, para llevar la secretaría, Maximiano Rodríguez –activo desde el mismo día 2– para llevar portería, teléfono, etc., y Julio Sastre, para atender el jardín (el futuro jardín, porque seguíamos en obras).

El domingo, 9 de octubre, fuimos testigos de un hecho excepcional, que pone de manifiesto en qué sitio estaba en sus comienzos el Colegio Retamar. Fuimos a Misa a Pozuelo, y a la vuelta desayunando (unos bollos que habíamos comprado y unos café con leche, que trajimos en botellas de vino ya usadas) en un aula de la cuarta planta del edificio –la que ahora es de 3º de ESO– y que era la sala de estar casi sin montar, vimos, ante nuestro asombro, el ojeo de una cacería de liebres y perdices, que comenzaba delante de las obras del colegio, al mando de dos guardas, uniformados y a caballo, y unos diez chicos jóvenes que iban a pie gritando y sacudiendo las retamas para hacer salir las liebres. También llevaban algún perro galgo, a quien vimos correr detrás de las liebres: ¡todo un espectáculo! Uno de los guardas, que tenía hijos pequeños, acabó con el tiempo matriculándolos en el colegio.

Al día siguiente, lunes 10 de octubre de 1966, comenzarían las clases en el colegio Retamar. ¿Estaba todo preparado?

Primeros alumnos de Retamar
Primeros alumnos de Retamar

Lo principal sí, a saber, los alumnos. Teníamos unos 120 alumnos, repartidos en 5 clases, que en aquella época se llamaban: Elemental (7 años), Preparatoria (8 años), Ingreso (9 años), 1º de Bachillerato (10 años) y 2º Bachillerato (11 años). Teníamos unas aulas preparadas sólo con mesas y sillas (no se usaban ya “pupitres”) porque… ¡no habían llegado las pizarras! No había todavía ni cocinas ni comedores. Los alumnos durante este primer mes se tuvieron que volver a sus casas a mediodía.

Pero los chicos se sintieron contentos desde el primer día, y su alegría se la trasmitieron a sus padres, que pronto nos manifestabas su satisfacción por el nuevo colegio de sus hijos.

Primeros alumnos de Retamar
Primeros alumnos de Retamar

¿Qué les hacía estar contentos a los alumnos? Pues quizá un poco de todo. Les gustaba que se les llamase por el nombre (no por el apellido). Las clases de deportes. El estar encuadrados en un “equipo” dentro del aula (en total tres equipos por clase: Acantos, Gereno y Orsipo; Astilo Ceramos y Crisón; Ageus, Frastor y Ulises; Failo, Leónidas y Quionis) que puntuaban por casi todo: desde cómo sentarse sin meter ruido con la silla, hasta el cumplimiento de las Metas de Carácter y el saber contestar mejor a las preguntas del profesor.

Primeros alumnos de Retamar
Primeros alumnos de Retamar

Pasó el mes de octubre. Llegaron las pizarras. Los chicos comenzaron a comer en el colegio (todavía sin cocinas ni comedores, pero habilitamos unas aulas como comedor, y la comida la traían, ya hecha, en una furgoneta). Y tuvieron las primeras notas que recibieron sus padres en sobre cerrado, me parece que ya en manos de los propios alumnos. Naturalmente, en general buenas notas. Pero no calificadas en números sino en letras: A, B, C, D y E (estas dos últimas letras ya eran suspenso).Y empezaron a hablar con el preceptor (todo alumno tenía un profesor asignado como “preceptor” que hablaba con él individualmente, fuera de clase). Y los preceptores empezaron a tener las primeras entrevistas con los padres de sus preceptuados.

A mitad de noviembre, el día 19, se organizó la primera reunión de padres de los alumnos, convocados por carta con antelación. En la carta se les adjuntaba un “caso”: la historia (inventada) de un chico de 10 años (o algo así) con sus problemillas de tipo escolar. En la reunión de padres, que se tuvo en el futuro laboratorio Física y Química, se trataba de resolver el “caso” con la intervención de los padres. El caso lo moderaba Eduardo (el Subdirector) haciendo constar los: 1) los hechos significativos; 2) los problemas; y 3) soluciones. La reunión resultó interesante (porque todos prácticamente hablaban), pero no había manera de acabarlo. Se terminó como se pudo, y los padres de los alumnos muy contentos. Además, sobre todo las madres, conocieron al preceptor o preceptores de sus hijos.

El día 20 fue el primer retiro mensual para padres y el día 1 de diciembre, la ¡Primera excursión de la vida de Retamar!…..y, tras la Novena de la Inmaculada, primera convivencia de alumnos en Torrelodones.

Primeras clases, primeras conversaciones con el preceptor, primera reunión de padres, primer retiro mensual, primera excursión, primera convivencia de alumnos. Desde su primer trimestre de vida, Retamar ya estaba a pleno rendimiento.

 

Eduardo Gutiérrez Marín
Lic. en Pedagogía. Profesor y Subdirector-Director Técnico de Retamar desde 1966 hasta 1971. Se ordenó sacerdote en 1973.

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